Un hombre llegaba al parque Mirador del Sur con dos niñas de entre diez y catorce años. Era domingo, a las siete de la mañana. En el punto inicial de la avenida llamada De la Salud, otro hombre, sin camisa, oía bachata a gran volumen y conversaba sobre un tema no precisamente apto para menores.
Esto se ha cualquierizado, comentó el que llegó con las niñas. Quien iba delante de él volteó la mirada para responder con asentimiento. Entonces se dio una plática sobre la profusión de basura en ese espacio concebido para el sano esparcimiento de la familia y para ejercitarse al aire libre.
Ha sido definido oasis de la Capital, y hasta cierto punto funciona como tal, pero paralelamente ha fungido como cueva de ladrones y refugio de retrasados mentales. Cada cierto tiempo autoridades edilicias anuncian planes para el fortalecimiento de la higiene y la seguridad en el parque. Pero la gente se queja de los robos, y los desperdicios sobresalen.
En el interior del parque Mirador del Sur funciona un destacamento de la Policía, cuyos agentes se mueven en carros, yipetas, carritos de golf, motores, a pie y alguna vez en bicicleta. La Politur ronda en briosos caballos, mientras la Policía Municipal se aposta próximo a la avenida Italia para cuidar del parque, pero en ocasiones se ha denunciado un promedio de cuatro asaltos por día.
Vecinos del parque se han quejado del bullicio y del consumo de bebidas alcohólicas en el lugar. Y es verdad, allí se bebe en grande, al estilo colmadón, sin respetar la presencia de niños. Botellas de cristal son lanzadas por doquier y resulta fácil toparse con fragmentos de vidrios cuyas puntas constituyen peligro inminente.
Unas mujeres vestidas de policía que pasean displicentemente a lomo de costosos caballos no se molestan ni en llamar la atención a quien lanza en el parque botellas y otros desperdicios. Pero las autoridades municipales están muy convencidas de la limpieza, seguridad e iluminación de la importante área verde.
Tanto, que en algún momento el alcalde, Roberto Salcedo, anunció que las familias podían visitar el parque en horas de la noche, gracias al sistema de iluminación y la vigilancia que, según dijo, se habían instalado. Muy pocos podían ver aquello.
En el Mirador hubo alguna vez unas fuentes de agua que contribuían efectivamente con su atractivo. Ahora las mismas están secas y sirven para criar insectos, sobre todo cuando llueve. La basura acumulada por los propios usuarios se une a las ramas de árboles tronchados por los obreros, cuyos troncos maderables han sido llevados a otros lugares.
El Mirador del Sur está descuidado y sucio, pero tenemos promesa, ya vieja, de que será el lugar más seguro y divertido de Santo Domingo y sobre todo un espacio libre, muy libre donde todo es posible.
