Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

El Gobierno  ha puesto tareas  muy efectivas al sector pensante de la sociedad dominicana.  Por un lado, resuena el clamor de  académicos, educadores, empresarios,  religiosos, comunicadores  y toda gente sensata demandando para la educación  una adecuada asignación de presupuesto. Se solicita el 4 por ciento del PIB.

Del otro lado, la batalla que libran  intelectuales, maestros y académicos  contra de la exclusión   de la lengua española en la educación básica, dispuesta por el Ministerio de Educación, con el asesoramiento de una empresa mejicana.

Desde  septiembre pasado  han sido colocados en las escuelas unos  compendios  elaborados por esa empresa, al margen de las disposiciones legales, y sin que el órgano superior , el Consejo Nacional de Educación, haya opinado.

Los textos llamados integrados constituyen un golpe al sistema educativo nacional y una afrenta para los especialistas dominicanos en educación, sin  olvidar que  los mismos no se ajustan a nuestra cultura. Por ejemplo, esos  textos  incluyen un aprendizaje  con medios electrónicos, y aunque los mejicanos quizá lo ignoren, el ministro de Educación sabe  que en este país no hay energía eléctrica permanente.

La empresa  extranjera ha cobrado  5.2 millones de dólares por los libracos preparados  e introducidos subrepticiamente en el sistema educativo, para sorpresa, incluso, de profesionales que trabajan en el departamento de currículo del Ministerio de Educación, que es donde se elaboran los programas  de enseñanza.

Un  muchacho necesita conocer su lengua  materna para por ella acceder a los demás conocimientos. Lo establecido en el currículo (programa general) es que  la lengua española es una materia  troncal, fundamental, que no puede  subordinarse a otras, que es lo que llaman “eje transversal”.

De modo que si el sistema educativo fuera un automóvil, la lengua no puede ser una llave de rueda ni un ventilador, tiene que ser el motor.  Pero la disposición -que es una deposición-  convierte el aprendizaje de la lengua en un asunto secundario.

 El pasado martes, la Academia Dominicana de la Lengua se pronunció al respecto. Dijo: “Con estas medidas, el Ministerio de Educación enfrenta a toda la sociedad dominicana. Ha adoptado, sin que el país lo sepa, la determinación de entregarle la responsabilidad del diseño de la enseñanza pública al Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa”.

Y recordó el dato de que  sólo durante la dominación haitiana  se prohibió desde el Gobierno, en 1824,  la enseñanza del español en la escuela básica. “Al sacarlo como parte del contenido básico, -agrega la Academia- se ha producido, por segunda vez, una prohibición que rechazamos rotundamente”.  Por eso digo que la disposición es una deposición. Y no puede cesar la batalla por la lengua.

El Nacional

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