Opinión

VOCES Y ECOS

VOCES Y ECOS

Diciembre de 2012,  y particularmente el día 12, ha sido definido como  “un mes muy especial en el espacio tiempo”. Científicos y periodistas se han ocupado  de destacar la  combinación de números que se puedan leer  de uno a otro lado.  Lo novedoso del hecho es que esa simetría ya no ocurrirá más en este siglo.

Otros, que no sabemos de simetrías cronológicas ni de predicciones astrales, vemos el asunto de otro modo. Ruego a los lectores dispensar   el tratar en la columna  un asunto  particular.  Para nuestra familia,  el 12 de diciembre de 2012 marca  un hecho muy singular.  En esa fecha se cumplió un siglo del nacimiento de nuestro padre.

Es indudable que la familia  es un ente digno siempre de veneración. Los diez hijos y los treinta y cuatro nietos de Alejandro Peralta, bien conocido como Chachá, habíamos pensado en celebrar en grande su cumpleaños número cien. Razones prácticas  -el trabajo, por ejemplo-  obligaron a una posposición.

Quien no aprecia y valora a sus antepasados no es digno del afecto de los otros. En el año 2004, a propósito de los  cien años de Pablo Neruda, mi sobrino Antoliano Junior, entonces estudiante, hoy abogado, me comentó que si el centenario de un poeta merece celebrarse, el de un agricultor también. Y tenía razón el muchacho.

Chachá Peralta fue eso, un fecundador de la tierra,  para ponerla a parir alimentos. Sembró en abundancia víveres y  cacao.  Pienso que si él hubiese sido un árbol habría sido de cacao. No es éste un  árbol maderable ni de gran fronda, pero produce la materia prima de uno de los alimentos más apreciados del mundo: el chocolate.

Hay una simetría entre los hombres y los árboles.  Por ejemplo, el presidente  Juan Bosch guarda  proporción  con un guayacán;  el doctor José Francisco Peña Gómez, líder de masas,  sería un roble; el presidente Leonel Fernández  presenta magnífica relación con el flamboyán  –flores y vainas- . Otros  son como el javillo: no dan flores ni  frutos ni madera, sólo espinas.

Feliz quien pueda recostar sus recuerdos en la trayectoria de su padre, y qué  desgraciado  ha de sentirse  aquel que guarda razones para avergonzarse  de él. Algunos hombres  andan  atropellando   personas y vulnerando principios, con tal de acumular riquezas. Sus hijos deben prepararse para cuando se les echen en cara esas inconductas.

Los descendientes de  Alejandro Peralta  estamos contentos con él, pues  vivió del trabajo de sus manos y a nadie privó de su  vida ni de su  heredad. No quebró bancos ni financieras  –tampoco los fundó-  ni provocó hoyo fiscal alguno.  Cumplió su misión a cabalidad. Él es el hombre definido en el salmo 128.

 

El Nacional

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