Tras las elecciones de 2008, pareció que Miguel Vargas se ganara la candidatura presidencial del Partido Revolucionario Dominicano para las elecciones de 2012. Como candidato de ese momento, su desempeño fue aceptable. Sobre todo porque contribuyó a levantar el ánimo de los perredeístas.
Mucha gente dijo entonces que para esta fecha no sería necesaria la convención, pues estaba claro que Vargas habría de encabezar la boleta. Vargas fue siempre un perredeísta silente que sólo dijo discursos cuando inauguraba las obras construidas por el gobierno que presidió Hipólito Mejía, en los cuales reconocía el talento y don de mando de éste.
Vargas se vio entonces solicitado por los medios de comunicación. Notó su foto diseminada por todo el país. Se trasladó en una mini caravana de yipetas negras y contaba con un general de la Policía como jefe de seguridad. Sintió que su figura se ponía grande, muy grande. Comenzaron a llamarlo dueño del PRD y esto le pareció bueno.
Cuando sólo ostentaba la condición de ex candidato presidencial, el doctor Leonel Fernández le pidió atarse una corbata azul y lo invitó a firmar un pacto. Vargas lo hizo complacido, pues él cree en la palabra del Presidente. De ese acuerdo salió la eliminación del artículo 49 de la Constitución vigente a la sazón, el cual impedía a Fernández ser candidato presidencial de por vida.
El jamás incidía también sobre Hipólito Mejía. Fernández no sólo se aseguró la posibilidad de repostularse en 2016, 2024, 2032 y más, sino que le creó a Vargas el problemita de la reactivación electoral de Mejía. Pero Vargas no le paró a eso, como dicen ahora. Y concibió su quimera de tres en uno. Contra el estatuto, se impuso como presidente de la organización. Como Fernández lo es en el PLD
En su empeño de ser dueño, presidente y candidato atropelló a muchos y subestimó a algunos. Su compadre Hatuey De Camps dijo a la prensa el domingo pasado que Vargas subestimó a Hipólito Mejía. Más de un observador del quehacer político consideró una variable perturbadora la persistencia de Vargas en hacerse de la presidencia de su partido siendo aspirante a la candidatura.
Hoy la situación a lo interno del PRD pinta mal para Vargas. Hasta el punto que algunos malpechosos piensan que la convención no terminará bien porque éste no está preparado para un revés. Cuando tenía en sus manos la candidatura de 2012, le sugirieron cambiarla por la presidencia del partido. Vargas tiró el dado de la suerte, y éste le dijo que sí. Ahora debe preparar su ánimo para los resultados adversos. El PRD sigue y la vida sigue.

