Opinión

VOCES Y ECOS

VOCES Y ECOS

Que los resultados de la convención perredeísta le fueran adversos al ingeniero Miguel Vargas –como ocurrió- pudo quedar como un hecho común, propio de todo quien se mete a una lid  de este tipo. Pero el ex precandidato y su equipo han  preferido convertir  una derrota coyuntural en un finiquito político.

La noche del domingo seis, recién cerradas las votaciones,  seguidores de  Miguel Vargas declararon a éste ganador de los comicios. Todos reían ante las cámaras, su encuesta a boca de urnas les dio ese resultado. Ninguna mención se hizo de presuntas irregularidades en la votación, lo que hace presumir que podrían  estar creyendo que Vargas iba arriba.

Hasta el amanecer del lunes, el equipo de Vargas  percibió las primarias   como la vieron  los demás dirigentes y los medios de comunicación: ejemplares. Los datos registrados en el centro de cómputos de Vargas lo llevaron a cambiar de actitud, el mundo  le cayó encima, hasta el punto de que sufriera un colapso del sistema nervioso que lo impulsó a perder la prudencia.

Lo que ocurrió el domingo seis, más que de Hipólito Mejía, fue una victoria del PRD. Constituyó una derrota para el gobierno y el  PLD, pues el rechazo a ellos desató ese aluvión de votantes. Pero Vargas ha deslucido esa entusiasta participación popular que evidencia al PRD en el trayecto del triunfo en 2012.

El PRD  empleó un padrón semi abierto, el mismo con el que Vargas fue elegido presidente de la organización. Si un miembro de otra fuerza política hubiese concurrido a votar, habría de ser objetado por  la mesa electoral o los delgados de los precandidatos. Sólo 1,800 sufragios fueron observados. Pero si un extraño al PRD logró votar ¿cómo se sabe por quién lo hizo?

Los alegatos de Vargas se suman a la cadena de torpezas  en las que ha incurrido a partir de que fuera poseído por las ínfulas de Trino y Uno (“líder”,  presidente y candidato). Pero no se trata,  la de ahora, de una torpeza pura y simple, sino que está determinada  por la mala fe. Vargas no cree en lo que firmó junto a Mejía  ni cree en la institución que preside. No le interesan razonamientos, sino las argucias  de sus creativos asesores.

No hay en él  espíritu de partido, sino de grupo y al parecer poco le importa el destino del PRD. Nada  extraño sería que algunos consejeros le sugieran aliarse “hasta  con el diablo” con tal de  impedir el triunfo de Mejía y el PRD. Lo que  vendría  en tal caso, no sería como un revés entre compañeros, sino su sepultura política.

El PRD  es necesario para la democracia dominicana.  Vargas y su equipo son necesarios para el PRD. Mientras más  dilata el ex precandidato en reconocer la victoria de Mejía, más se agranda su derrota. Es otra forma de perder: la más definitiva y trágica.

El Nacional

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