No me importaría que el presidente Leonel Fernández pagara otros tres millones de dólares para cubrir su pasaje aéreo, como ocurrió cuando viajó a Suiza y la India, si ese viaje se realiza en busca de solución al desborde peligroso del lago Enriquillo, que representa más que una amenaza a cientos de miles de personas y ocasiona pérdidas cuantiosas a la producción agrícola.
No me dolerá que el Presidente aborde de nuevo el Boeing 737-7 cuyo costo por hora anda sobre los 110 mil dólares, consultando científicos del mundo, si de ese periplo retorna con la respuesta ajustada a la realidad que padecen habitantes del Suroeste por el problema indicado.
El reclamo de autoridades y dirigentes comunitarios de las provincias Independencia y Baoruco data de muchos meses. En marzo de 2009, el Presidente oyó el clamor, aunque tal vez no lo escuchó. Visitó la zona y prometió solución. Después de eso el agua de un lado se juntó con la del otro por encima de la carretera, próximo a Boca de Cachón.
El obispo Rafael Felipe, diócesis de Barahona, emitió su voz de alerta y reclamó al gobierno auxiliar a sus feligreses, ante las atrocidades del lago Enriquillo, al cual se le ha unido el Azuei en el empeño de dañar tierras, cultivos y animales. Pero tampoco la voz del pastor fue escuchada, aunque sí oída.
Legisladores, ecologistas, alcaldes, agricultores, ganaderos y profesionales de la zona afectada han reclamado con vehemencia que se detenga la invasión de las aguas salobres de ambos lagos, pero la suerte no ha estado de su lado. Aún no se registra pérdida de vidas humanas, pero hay que esperarla.
Insisto en que si resolver esta situación conlleva que una comitiva se traslade a Rusia y Singapur y espere los resultados de estudios, con el Boeing 737-7 pagando renta de hangares y viáticos de la tripulación, que se haga. Pero antes de que Boca de Cachón tenga que ser trasladada debido a la invasión de los lagos.
Esa localidad, como Los Ríos y Las Clavellinas, de continuar el desborde de los lagos, ameritarían ser desalojados y su gente trasladada a otros lugares con ajuares, chivos, perros, pollos y lo que sobreviva. Remedo de las devastaciones de 1604 ejecutadas por el gobernador Osorio en la banda norte de la isla.
No se sabe el origen del desborde del lago Enriquillo. Eso es cuestión de especialistas, y ni siquiera el ingeniero Osiris de León lo ha explicado. Monseñor Felipe señaló a la prensa alguna vez que la crecida se origina en un suministro de agua del río Yaque del Sur. Lo más cierto es que este problema demanda atención y reclama medidas de Estado. Esa gente vale más que el costo de la solución. Merece la tranquilidad.

