Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

Los dirigentes del Partido Revolucionario  parecen entrar en razón  acerca de la responsabilidad que tienen con  el destino inmediato de la democracia  y la estabilidad social en el país. Aparentan comprender que se requiere una unidad firme para terminar  con la  penosa situación que padece el pueblo  dominicano ante la incapacidad del gobierno para resolver aunque sea uno de los problemas fundamentales.

 Mientras Miguel Vargas reúne  en torno a su proyecto  presidencial  a cuatro pequeños precandidatos, Hipólito Mejía  firma un acuerdo con    Luis Abinader, constituido en la tercera fuerza hacia lo interior de ese partido.   Si el dinámico Guido Gómez Mazara  depusiera  su aspiración inmediata, se espera que se una a Mejía. Así sólo concurrirían a la convención de marzo  dos precandidatos: Vargas y Mejía. Entre dos resulta más fácil un arreglo que entre  ocho.

La unidad entre el ex presidente y el joven empresario y economista  se proclamó mediante la firma de un pacto de alta significación, no sólo para el PRD, sino también para el pueblo dominicano, víctima  de la  calamidad que genera la crisis de servicios públicos, la inseguridad ciudadana, la corrupción y la profusión  del narcotráfico.

Ese documento ha sido motivado con un largo preámbulo basado en el pensamiento del doctor José Francisco Peña Gómez y su persistente advertencia de que “El PRD unido jamás será vencido”.  Pero más importante aun son los diez puntos que constituyen un programa mínimo para  aplicar  desde el gobierno, en caso de ser Mejía y Abinader favorecidos con el voto popular.

La unidad de Mejía y Abinader no es un negocio, sino que se fundamenta  en motivaciones éticas: “Los desafíos y esfuerzos necesarios para combatir los graves desequilibrios que causa la actual gestión gubernamental, demandan la unidad de acción para iniciar un periodo de cambios democráticos, participativos y orientados a favorecer las grandes mayorías nacionales”.

 Igualmente ponderaron ambos líderes y sus respectivos equipos de trabajo que  la situación que vive la República Dominicana requiere de la acción responsable y el compromiso de su liderazgo político, con miras a darle un rumbo distinto al país en el fortalecimiento de sus instituciones y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población. 

 Representa una ignominia   desperdiciar  el potencial del   PRD como instrumento de la democracia y organización    comprometida con los ideales de desarrollo humano, la libertad individual y la redención social.  Y últimamente esa fuerza política ha sido guiada en otra dirección.

 Complace que en el acuerdo Mejía-Abinader se haya recalcado que el PRD  tiene el deber de contribuir a impulsar la convergencia de las fuerzas políticas que comparten el propósito de conquistar el poder, para  hacer de la gestión pública un ejercicio a favor de la mayoría. Como dijo Peña Gómez. Así sea.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación