Este artículo es un extracto del discurso que pronunciara en la Feria del Libro, en el acto en que se colocara mi nombre a una calle.
Un periodista español que dirige una revista digital en la que coloco colaboraciones, reaccionó sorprendido tras leer una nota en la que recordaba a mis amigos los detalles relacionados con este acto.
¿Cómo es eso?, me preguntó. Y me provocó una reflexión sobre la significación que tiene esta actividad para los escritores dominicanos.
Me alegra que esta dedicatoria de una calle del recinto ferial sea un ejemplo de algo que podemos enseñar a otros países, no obstante, todavía tenemos mucho que aprender para ser un mejor país.
Lo primero debe ser valorarnos como sociedad, ver lo bueno que podamos tener, que realmente lo tenemos, y lo segundo ha de ser proponernos ser mejores como ciudadanos para llegar a ser mejores como pueblo.
En este proceso, los escritores tenemos una gran responsabilidad, pues la literatura es una aliada fraterna de la educación y es precisamente mejor educación lo que necesita el pueblo dominicano para despegar hacia el cambio necesario.
Nadie duda que en los países habitados por un pueblo educado y con satisfactoria escolaridad, los escritores podemos contar con una realidad más promisoria. Porque aunque los escritores disfrutamos escribir, necesitamos ser leídos y retribuidos por nuestro trabajo, además de que probablemente ninguno se moleste por un reconocimiento.
El escritor es un galanteador de la lengua, merecerá reconocimiento en la medida en que la exalte, con esa exaltación de la lengua y la expresión de los sentimientos del pueblo contribuye con su engrandecimiento espiritual.
Es el punto donde se tocan cultura y educación, a las cuales no puede ser ajeno el profesional de la palabra. Es ampliamente aceptado que el escritor es un privilegiado por cuanto nace con el don de la palabra. Pero vivimos en un país donde ser escritor conlleva un esfuerzo personal que se traduce en un esfuerzo familiar.
La familia soporta ese lujo que es el escritor, quien invierte recursos en su formación y luego en la publicación de la obra. De modo que ser escritor implica un compromiso con la lengua, con la cultura, con la educación, con la práctica social y por supuesto- con la familia.
La Feria Internacional del Libro dedica cada día a un escritor o escritora. Con la designación de la calle comienza ese día. Hoy me ha correspondido a mí, por tanto, debo alegrarme, celebrarlo, agradecer la presencia de mi familia y de mis amigos, de todos ustedes, y valga el repetirlo- agradecer al Ministerio de Cultura.

