Un demócrata puro no concibe el gobierno sin el complemento de una prensa libre, con plena capacidad para la crítica. El mejor aliado de un gobernante democrático es la prensa, aquella que armada de la verdad muestra debilidades e insuficiencias, a fin de que se busquen correcciones.
Otros gobernantes prefieren la prensa complaciente para que los celebre y los cante y ciertos periodistas gasten su chin de talento entonando loas a la primera persona. Los lambiscones halagan al presidente y sus colaboradores, pero a la larga ocasionan mayor daño. Ni hablar del daño a la sociedad.
Bienaventurados los periodistas y medios de comunicación que reciben intimaciones lo mismo que intimidaciones-, advertencias y otros recursos que procuran silenciarlos, porque si zahieren a quienes con sus actos contradicen las normas de administración sana y decente, disfrutarán la satisfacción del deber cumplido.
Como preparativo para la elección de Rafael Trujillo, en 1930, fue quemado el local del Listín Diario. Años después el tirano se ocuparía de cerrarlo y creyó que para siempre, como suelen conceptuar quienes disfrutan del poder que son todas sus decisiones.
La más notable debilidad del gobierno populista de Hugo Chávez en Venezuela es su constante conflicto con la prensa. Cualquiera quisiera reconocerle la aparente sinceridad de un compromiso con los más necesitados.
Se considera que el mandatario bolivariano ha tomado en cuenta las necesidades de los pobres y le ha otorgado importancia a la gente que vivía marginada y excluida, para quienes las cosas han mejorado en término de educación, salud y oportunidades de desarrollo. Pero el teniente coronel Chávez entiende que no todo el mundo en Venezuela tiene derecho a opinar, que eso lo decide él. Y hasta periodistas le celebran tal ocurrencia.
Actualmente anda huyendo el presidente del canal Globovisión, Guillermo Zuloaga, un hijo homónimo y su socio Nelson Mezerhane, quien es además presidente de un banco, que de acuerdo al gobierno venezolano confronta iliquidez. ¿Coincidencia?
A poco del gobierno dominicano cerrar, a troche y moche, un canal de televisión en Santiago, un funcionario se destapa con intimaciones para los anunciantes del noticiero El Informe. Tras la repulsa social, desiste de la pretensión de tumbar el sostén material a ese medio y deja a la periodista Alicia Ortega en alerta roja.
Los servidores públicos no pueden olvidar su obligación de actuar con plena claridad frente al pueblo, de quien salen sus salarios y beneficios marginales. Tampoco olvidar que es deber de la prensa hurgar donde el olfato le indica que algo ocurre. Donde estén los buitres es porque están los cadáveres.

