Editorial

Voladoras sin freno

Voladoras sin freno

Los muertos y heridos en accidentes causados o en que están envueltas “voladoras” forman una larga lista, pero por la temeridad con que se desplazan los vehículos la población todavía ha tenido suerte de que no se hayan registrado tragedias más aterradoras.

¿Acaso es lo que se espera para actuar contra conductores que no respetan semáforos, transitan en vía contraria, se paran a tomar o dejar pasajeros en donde se les antoje, se adueñan de los espacios públicos y, lo que es peor, se desplazan a una velocidad de espanto, como alma que lleva el Diablo?

Se atribuye precisamente a esa temeridad el accidente provocado por una “voladora” en las inmediaciones de la Universidad del Caribe, que costó la vida a una estudiante del centro y causó lesiones a una hermana de la víctima. Pero ni así han decidido intervenir las autoridades para frenar al menos la velocidad con que transitan las unidades.

Hay que ver cómo los conductores pisan el acelerador y las maniobras que realizan con el volante cuando se disputan un pasajero. No respetan agentes de tránsito o del orden, semáforos ni nada. Sólo la suerte impide que los excesos terminen en tragedias o en hechos lamentables. Para completar el rosario de violaciones la mayoría de las unidades transita sin seguros ni placas, pero los choferes suelen estar armados de revólveres y objetos contundentes para dirimir cualquier accidente.

El pánico es colectivo. Si los pasajeros andan con el corazón en la mano, también los transeúntes y los conductores de vehículos privados frente al terror que imponen en las vías las diabólicas “voladoras”. La descripción, más que una denominación, representa una acusación contra el terror que imponen las unidades.

Se citan muchos factores, desde la permisividad hasta la complicidad por razones políticas, por los cuales las autoridades no intervienen para poner coto a un peligro público. Pero no se puede esperar más lágrimas, dolor y luto para actuar contra un salvaje atentado contra el orden y la seguridad ciudadana.

El Nacional

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