El mes de abril recuerda para más de cien países el derecho de la niñez a ser protegida contra cualquier clase de explotación y respetada espiritual, física y moralmente, a la vez que destapa la realidad de un segmento poblacional vulnerable al poder de las personas adultas.
En nuestro país existe, en algunas personas, la preocupación por la sexualidad de las niñas, los altos índices de adolescentes embarazadas, la cosificación sexual de cuerpos infantiles por parte de personas adultas, el crecimiento -como fenómeno- del abuso sexual contra niñas, la falta de redes sociales que las recuperen, la desigualdad de las relaciones y la doble moral de familias y autoridades frente a estas situaciones.
El sistema de atención dominicano, para estos procesos, carece de recursos diversos para enfrentar esta realidad, fundamentalmente sin presupuesto para adecuar servicios que, además de ser especializados y costosos, deben contar con un marco social de prevención que aún no existe en la R. Dominicana.
Nuestro Estado, desorganizado y deficientemente gobernado, hipertrofiado de clientelismo, con una sociedad desigual e indiferente, completada en instituciones de poder discriminadoras y pervertidas, no se interesa en profundizar y buscar soluciones, mientras firma acuerdos y recicla personajes que sermonean promesas, minimizan datos, achacan culpas y se promueven para redenciones que no acaban de llegar.
De las historias de violencias sexuales, embarazos no deseados, abortos ilegales e inseguros y alta mortalidad materna, de la que un buen porcentaje se señala en menores de edad, solo sabemos un mínimo por ciento, porque la cultura nuestra engulle el resto en una cotidianidad de total indefensión aprendida.
Mientras, conocida y prescrita por la ley, la educación sexual en las escuelas dominicanas, sigue siendo una quimera, a pesar del 4%, de las cifras mortales y del dolor en la niñez y adolescencia. Pero sobre todo, a pesar de que no hay opción para no educar en sexualidad, un derecho que el Estado conculca permanentemente desde la educación.
Desde 2002, sabemos que el reconocimiento de los derechos sexuales y derechos reproductivos como derechos humanos, es decir, con los que la persona nace y tiene a lo largo de su vida en cualquier etapa etaria, también implica el mantenimiento de la salud sexual y salud reproductiva desde la niñez, empezando por la educación.
Nuestras niñas empiezan su vida sexual muy temprano, bajo la responsabilidad de un machismo cultural excesivo y exacerbado que las considera objetos de deseo «natural y de su propiedad», sin remordimiento ni reservas, porque una lista larga de impunidades, se encargó de oficializarla. Y volvió abril!

