Alguno de los buenos samaritanos que al ser oriundos de la hermosa y hospitalaria isla de Santo Domingo, se precian de estar bien informados, podría tener la bondad de decirle a este simple escribidor del siglo XX, ¡¿de quién carajo fue la ideota de la iniciativa que habría de permitirle el voto a los muy nobles ciudadanos que habitan en la cárceles de nuestros amores?!
Esos adalides de la democracia ejemplar, que además de compartir y tener con nosotros como denominador común; el clima, la cultura -el folckore político-, el código procesal penal y la nacionalidad; tendrán a partir de mayo próximo, la misma potestad de elegir las autoridades de la República.
Es decir, que desde dicha fecha, serán un target o blanco de público de peligrosa e inminente incidencia- que debe ser tomado en cuenta, en la hora de los estudios de factibilidad sociocultural, las promesas electorales, la elaboración de las políticas públicas, la confección de los presupuestos, las visitas electorales y oportunas de los candidatos, la defensa de los pensamientos sociales de vanguardia, en fin, para el logro del desarrollo social anhelado o la efectiva composición teórica-práctica de el país que queremos.
A diente y tridente
Estos, ya no sólo serán nuestros presos de confianza algunos se les ha permitido la renta de cubículos exclusivos para cursar maestrías financieras en instituciones educativas de gran prestigio y bagaje, y pasear con hembras y compinches borrachines (en onda de buen cubierto, costosa percha y fino paladar etílico) por parques, avenidas, villas turísticas y balnearios, mientras penan el oprobio de un abuso de poder o un malentendido con la justicia ordinaria-, ni solo estarán engrosados con vocación y devoción admirable en la exigente lista de beneficiarios de nuestras exclusivas oraciones, sino que, además, contarán con un apartado privilegiado que los ha de reconocer y distinguir como protagonistas de primer orden, según la lógica feroz e inmisericorde de la carrera de tontos y de tantos tras el poder político, que urge todos los sabemos- del voto aprobatorio, para ensimismar con conjuro dedócrata-, el manto de los dones a repartir según sus niveles de aporte y participación social en la consecución de la causa y los postulados gananciosos.
Es posible que en un ahorita ágil y dominicanísimo, seremos testigos de la futura fundación de una Asociación de Internos de la Victoria con Papá, de una, para entonces provechosa, Federación de internos religiosos de Najayo con Danilo, de un celebrado y activo Círculo de Observadores Electorales de los Internos de Rafey, filial de Participación Ciudadana, y por supuesto, de una futura y prominente Cámara de Observación Electoral de los Internos Deportados Reincidentes, así ¿Cómo de que no?- de la para entonces prestigiosa Unión Nacional Electoral de Comunicadores Internos con Perspectivas de Género.
Y no dude usted que estas instituciones sin fines de lucro, desde ya cuentan con argumentos entretenedores que habrán de justificar la iniciativa, proyectándola como atinada, justa y desde luego, verdaderamente democrática.
Dirán que los presos preventivos no están aún condenados. Alegarán que buscan proteger -a diente y tridente- el principio de inocencia. Ofrecerán conferencias sobre los tópicos constitucionales urgidos de modificación para tales fines y escribirán con el apuro de las redes sociales, sobre lo infrahumano del sistema carcelario dominicano, del deplorable y humillante deterioro con que se vive al interior de los recintos y de la impune corrupción que en ellos impera.
Por supuesto que sabrán agenciarse filiales dentro y fuera del territorio nacional, que han de contar con auspicios nacionales y foráneos, y que han hacerse representar gratuitamente por una que otra barra canalla de abogaduchos sin alma -¿redundancia?-, prestas para la defensa de sus derechos civiles, siempre vigilantes para que sus operaciones, del todo licitas, cuenten con la libertad de la que medianamente están privados, por el simple hecho de robar al erario público, haberle quitado la vida a otro, hurtan lo ajeno, violar la inocencia o traficar con mierda para el cerebro del prójimo.
Debajo del nombre de quien escribe está su correo electrónico. ¿Podrían algún ducho decirle a este pobre amanuense de quién fue la ideota de permitirles votar a estas madreteresas que predican el santo oficio de los barrotes?
Mea culpa
Reconozco que no soy un abogado en ejercicio. Y que mi vocación y formación humanistica a todas luces literaria y periodística-, dista mucho de esta pléyade de ilustres salvadores de la República. Pero tal reconocimiento no busca justificación ante mi posible desconocimiento de la estrategia electoral o de los intríngulis políticos que pueden morar tras el impulso de la iniciativa (¿?) de permitirles a los presos, preventivos o no, el derecho al sufragio.
