Desde 1986, he votado por el PRD en ocho elecciones presidenciales. En las elecciones de mañana, mi voto será por el PRD, representado por Hipólito Mejía. Es un voto responsable y útil a favor del país, cuya democracia, que tanto esfuerzo y sacrificio le ha costado a miles de mujeres y hombres, está amenazada por el control y dominio del PLD de todos los poderes del Estado.
La última vez que todos los poderes del Estado estaban controlados por un solo partido fue durante los Doce Años, cuyo gobierno concluyó, por decisión de la voluntad popular, en 1978. Ese gobierno controlaba los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y ante ese poder absoluto y monárquico, la mayoría de los dominicanos votaron por el cambio, que lo representó el PRD con Antonio Guzmán.
En estos ocho años, el partido oficial se ha apoderado del Estado, a tal grado, que, en muchas ocasiones, es difícil distinguir uno del otro. El PLD ha instaurado un sistema corporativo que ha permitido el nacimiento, crecimiento y desarrollo de una clase política que tiene privilegios irritantes, al extremo de que, muchos funcionarios públicos ya compiten con empresas que tienen decenas de años en el país.
Frente a este panorama, caracterizado también por desempleo, endeudamiento público exagerado, inseguridad, narcotráfico y corrupción, la mayoría de los dominicanos quiere un cambio, y el cambio lo representa el PRD con Hipólito Mejía. Con el compromiso de recuperar la democracia y gobernar con honestidad, austeridad y transparencia, para generar riqueza, empleos y seguridad.
Por José Francisco Peña Gómez, Antonio Guzmán, Jacobo Majluta, Angel Miolán, y por mis padres, Salvador Jorge Blanco y Asela Mera, votaré, con la fe puesta en el cambio y en el porvenir, por Hipólito Mejía y el PRD.

