Marvell, tras el lío mental que nos dejó rondando con la avalancha de mal hilvanadas imágenes y efectos de X-Men 3, debía hacerle un homenaje urgente al agudísimo director Matthew Vaughn, quien acaba de entregar X-Men, Primera Generación, para lavar las ofensas audiovisuales que dejaron un amargo sabor y llevar satisfacción a las audiencias jóvenes y no tan jóvenes con esta entrega digna, llena de acción, de efectos usados en su justa medida y con una coherencia tan necesaria como oportuna en la historia. Esta precuela cumple con el papel de toda cinta de precedencias: sirve para quien no sabía absolutamente nada de los X.-Men y complace a los adictos a estos seres de ponderes singulares y únicos.
Las actuaciones son simple y creativamente adecuadas al proyecto de comenzar a contar la historia. James McAvoy se luce como el Profesor Xavier Hacen lo propio Rose Byrne o Kevin Bacon.
De tener que seleccionar el mejor intérprete, todas las miradas se dirigen a s Michael Fassbender, en su papel de Erik/Magneto, que deglute la la pantalla con esa actorialidad que le hace falta a Holywood.

