La Policía Nacional ha sido una institución con poca credibilidad en la sociedad, dado su historial de cuerpo represivo, usado tanto por la dictadura de Trujillo como por el doctor Joaquín Balaguer para perseguir y asesinar adversarios políticos.
La coyuntura histórico no le permitiría a la Policía volver a realizar ese rol del pasado en el presente, sin embargo, la gente sigue sin creer en las informaciones que suministra la Policía ni en los informes que elabora en torno a los casos que maneja.
Otro elemento que empaña la imagen de la Policía es la participación, cada día más activa, de sus agentes en hechos delictivos. Es difícil que no haya un policía involucrado en los robos, asaltos o negocios de drogas, según los reportes que llegan a los medios de comunicación.
Pero lo peor es que cuando ocurre un hecho la Policía lo calla, trata de encubrir o emiten informaciones que luego son enfrentadas por testigos que se encargan de dar a conocer la verdad a través de las redes sociales, lo que deja en situación muy mal parada a esa institución.
En la Policía parece que hay un desconocimiento completo del papel de la comunicación en la Era Digital, pero aclaro que no se trata de esta gestión, el problema viene de atrás, pero existe la misma inercia en buscar una solución.
Callar es el mayor error de la Policía, especialmente cuando se trata de acciones como robos, asaltos o el involucramiento de algunos de sus miembros en actos reñidos con la ley.
Ya que eso hace suponer a la ciudadanía que la institución del orden público no tiene control real sobre la seguridad de la población; más cuando en cualquier esquina y al cualquier hora del día o la noche se ver «operativos» individuales de patrullas que sólo buscan quitarle un par de peso a los ciudadanos que transitan por allí en cualquier vehículo de motor.
Esas acciones desacreditan a la Policía como institución, más cuando la población sabe que son protegidas desde arriba, porque el picoteo allí es una escalera la que hay que pasar peldaño a peldaño.
La Policía tiene que cambiar su política de comunicaciones, porque de lo contrario el descrédito irá aumentando con el paso del tiempo, y luego no habrá cura para tal enfermedad.

