El presidente de la Asociación de Zonas Francas, Fernando Capellán, ha emplazado al Gobierno a que defina si le interesa o no el desarrollo de ese sector, cuyo nivel de exportaciones se ha reducido en un 30 por ciento.
Capellán atribuye el declive de las zonas francas nacionales a que a nivel oficial no hay unificación de criterios en torno al papel que debe jugar ese sector en la presente coyuntura de crisis global.
Llama la atención que ADOZONA no refiera el drástico cambio que ha experimentado el mercado de los Estados Unidos, al concluir el acuerdo mundial multifibras, que abrió las puertas de ese destino a exportación a textiles de China, La India, Viet-Nam y otras naciones asiáticas.
Factores externos han sido las causas mayores del declive de las zonas francas nacionales, que ha significado también pérdidas de miles de empleos, aun cuando el Gobierno subsidió en 2008 a ese sector con un aporte de tres mil pesos mensuales por trabajador mantenido en nómina.
la situación de las zonas francas podría agravarse a partir de la vigencia del acuerdo Stand by con el Fondo Monetario Internacional, que obligaría a el desmonte de subsidios o cualquier otros tipos de transferencias presupuestarias.
Tiene razón el señor Capellán al afirmar que en el Gobierno persiste una situación de indefinición respecto al rol que debería asignarse a las zonas francas en el actual escenario de crisis, pero es claro que ADOZONA debería hacer otro tanto, antes de que el edificio se desplome por completo.
Por más de 30 años las zonas francas disfrutan de todo tipo de exenciones impositivas, a cambio de lo cual han llegado a ofrecer hasta 220 mil puestos de empleos.
Las zonas francas están compelidas a diversificar su producción y explorar nuevos mercados, como el que ofrece Venezuela al amparo del Acuerdo Petrocaribe o el atractivo nicho que ofrece el tratado de asociación económica con Europa. Los tiempos des vacas flacas no han concluido para ningún sector de la economía, menos aun para las zonas francas.
