Cada domingo, cuando el sol comienza a caer sobre las piedras centenarias de la Ciudad Colonial, un fenómeno cultural único cobra vida. No se trata solo de un concierto, sino de un ritual de identidad dominicana: la presentación del Grupo Bonyé.
Lo que comenzó en 2008 como una reunión de amigos amantes del son se ha transformado en el evento gratuito más emblemático de Santo Domingo, atrayendo desde su inicio a miles de locales y turistas a las históricas Ruinas de San Francisco, en la calle Hostos esquina Emiliano Tejera.
El frente está integrado por Félix Báez (director), Néstor Sánchez, Franklin Soto, Roberto Bobadilla y el popular Francisco «Chino» Méndez. El grupo se apoya en una orquesta de aproximadamente 12 músicos profesionales que incluyen vientos (trompetas, saxofón), piano y una sección completa de percusión (congas, bongó, timbales).
A diferencia de las orquestas modernas, Bonyé rescata el merengue de orquesta tradicional y el merengue típico. Se enfocan en las composiciones de la «Época de Oro», como las de Luis Alberti. No faltan temas emblemáticos como «Compadre Pedro Juan», interpretados con una sección de vientos muy marcada.

Bonyé no es solo una banda; es una institución dedicada a la preservación de los ritmos antillanos. Su repertorio es un viaje sonoro que incluye el son montuno, la base rítmica que invita al baile elegante y pausado; el bolero, para los momentos de nostalgia y romanticismo bajo las estrellas; y el merengue clásico, pulso vital del dominicano interpretado con maestría.
El repertorio de Bonyé es prácticamente una antología de la música caribeña y dominicana, diseñada específicamente para mantener la pista de baile llena. Aunque son famosos por el son, su lista de canciones es bastante ecléctica.
Es su columna vertebral: rinden homenaje a los grandes maestros del género, interpretando piezas clásicas que invitan al baile pausado y elegante. También incluyen salsa y jazz afroantillano, toques contemporáneos que mantienen la energía en lo más alto.
Más que música, es un espacio de democratización cultural. Lo más fascinante de los domingos de Bonyé es su capacidad de unir.
En la explanada puedes ver a un embajador bailando junto a un vendedor ambulante, y a un turista europeo tratando de seguirle el paso a una abuela dominicana. «Bonyé es la medicina del pueblo; aquí la gente viene a soltar las penas y a encontrarse con sus raíces», suelen decir los asiduos al evento.
Si planeas asistir, aquí tienes lo básico que debes saber: Lugar: Ruinas de San Francisco, calle Hostos esquina Emiliano Tejera, Ciudad Colonial.
Horario: todos los domingos, de 6:00 p. m. a 10:00 p. m. Costo: totalmente gratis. En los alrededores hay diversos negocios de bebidas y comida local; la iluminación, junto con el baile, crea un espectáculo visual impresionante.
Bonyé es, sin duda, la máxima expresión de la alegría dominicana. Es el recordatorio de que, mientras haya un tambor y una trompeta, el corazón de Santo Domingo seguirá latiendo con fuerza.

