Maurice Duverger enseñó a varias generaciones que la política ejercida en tanto ciencia, no se concibe sin la lucha por los espacios de poder. Individuos, grupos e instituciones influyentes violan principios y echan a rodar las normas éticas con tal de conquistar o conservar el poder.
Quizás sea de mucho provecho para algunos líderes del PRM, leer la obra de Moisés Naím: ‘’ El fin del poder’’ como alerta a lo fácil que se pierde el poder, cuando se obvia la noción de que vivimos en un mundo cambiante o en ‘’La revolución del más’’ como alude el autor de marras.
Manifesté en una acostumbrada reunión de amigos que sólo el presidente Luis Abinader podía dividir el PRM y me vi compelido a esclarecer tan atrevida aseveración.
Expuse que es una mayúscula torpeza analizar los procesos históricos de manera lineal, sin tomar en cuenta los zigzags que provocan las variantes políticas. Añadí además que algunos precandidatos presidenciales en el PRM, violan la ley electoral en desmedro de otros aspirantes, porque han soslayado bajo cuales condiciones se ganó en el 20 y 24.
Insistí en explicar que la única manera de evitar un fraccionamiento en el PRM, es si el presidente Luis Abinader, en su condición de líder, garantiza los métodos democráticos y el respeto a la regla de juego en la lucha interna por la candidatura presidencial en esa entidad política.
Es imprescindible que se perciba una absoluta neutralidad en el jefe del Estado con miras al proceso convencional donde las bases de esa organización deberán elegir su candidato a la presidencia.
Salvador Jorge Blanco y Jacobo Majluta demostraron en el PRD, que no basta el poder del Estado, ni las encuestas amañadas cuando las bases se deciden por un candidato.
Aunque todas las estrategias han sido diseñadas para hacer percibir que solamente Carolina Mejía y David Collado tienen chance de ganar la candidatura presidencial, serán los dirigentes del PRM, quienes dirán a quién prefieren para enfrentar al expresidente Leonel Fernández, seguro candidato presidencial por la Fuerza del Pueblo.
Por: Ramón Rodríguez
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