Editorial Opinión

África y Haití

África y Haití

Poco se sabe en occidente sobre la creciente violencia en África, donde cada 45 minutos estalla un episodio de terror relacionado con conflictos políticos, étnicos o religiosos, aunque ocurren en naciones petroleras o ricas en diamante, oro y otros metales preciosos, como Nigeria y Libia y Angola, Somalia, Kenia y Sudán.

Las grandes metrópolis ignoran también lo que ocurre en Haití, pero tampoco les interesa saberlo, por lo que sus embajadores hablan ante organismos multilaterales sobre la crisis haitiana con apenas algunos datos que reciben de sus equipos técnicos.

Multinacionales estadounidenses, canadienses, europea, chinas o rusas continuarán explotando o extrayendo las riquezas naturales del subsuelo africano sin importar si el grupo terrorista Boko Haran aniquila un asentamiento humano en Nigeria, o si Al-Qaeda explosiona un coche bomba en una escuela de Sudán.

Haití no puede ofrecer ni mínimamente las riquezas conculcadas a cualquiera de las naciones africanas, aunque las crisis haitiana y de África, preocupa a Estados Unidos, Canadá y Europa por el desborde migratorio que provocan hacia esos destinos.

Cientos de africanos intentan todos los días cruzar el mar Mediterráneo acosados por la violencia, miseria y marginalidad, en un éxodo migratorio que convulsiona a Italia, Grecia, España, Polonia y el norte de Europa, en tanto que la migración haitiana se adentra en las selvas de Centro y Suramérica en busca de alcanzar el sueño americano a través de México.

Consuelo Alzamora, una terapeuta ocupacional chilena que hace diez años vive en Haití, y que decidió quedarse a pesar de que cerraron las embajadas, se fue Naciones Unidas y todas las organizaciones humanitarias, cuenta al mundo a través del periódico londinense BBC, la tragedia que padece hoy el pueblo haitiano.

Sobre las bandas armadas que controlan a Haití, Alzamora dice: “Te pegan, te quiebran los brazos, a las mujeres las violan; esto es como los juegos del hambre, sacan las ametralladoras y disparan a la gente”.

Las grandes metrópolis carecen de voluntad política para rescatar al pueblo haitiano del infierno de violencia, miseria y crisis sanitaria que padece, apenas le cancelaron el visado a dos jerarcas teloneros de las bandas, mientras presionan para que República Dominicana no aplique su ley migratoria, a sabiendas de que cuando explote la caldera los haitianos no se tirarán al mar.

El Nacional

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