Muchas veces hemos tratado sobre el autismo que puede ser vista como una enfermedad, y no es más que un conjunto de trastornos de la esfera psico conductual que hacen que las personas que la padecen tengan un compartimiento particular. Es un poco más del 1% de la población mundial, 8 veces más frecuente en los varones. No es una enfermedad, no es una discapacidad.
El trastorno es más profundo en unos que en otros, pero tampoco hay una clasificación, existen trastornos autistas como es el Síndrome de Asperger que es, diríamos, más leve que el autismo profundo.
Tenemos ejemplos: en el año 2021, en el programa Saturday Night Live el señor Elon Musk (el hombre más rico del mundo) reconoció que padece el Síndrome de Asperger, en otras palabras, es autista y aunque tampoco está confirmado se especula que la gran figura del fútbol mundial Lionel Messi es también un Asperger, pero lo trascendente de todo esto es que se cercano a la celebración del Día Mundial de Concienciación del Autismo, 2 de abril, debamos referirnos a dos acontecimientos que confunden en torno a la atención del trastorno.
El presidente norteamericano Donald Trump junto a su secretario de salud pública, Robert Kennedy dijeron a finales de septiembre de 2025 que había una manera de curar el autismo y tuvieron la indelicadeza de anunciar el medicamento: la Leucoverina, nombre genérico de un producto relacionado al ácido fólico (vitamina B9) usado contra algunos tipos de cáncer, y llegaron al colmo de decir que otro medicamento, el paracetamol, que es el analgésico ideal para las embarazadas era causante del autismo.
Dos grandes disparates provocantes de un gran problema, pues estas dos personas, de la más alta influencia mundial, al desinformar, alejan a las personas de lo que es fundamental para tratar el Trastorno del Espectro Autista que es un asunto de educación, atención adecuada, inclusión escolar y una adecuada protección familiar y de la comunidad. En nuestro país se dio algo parecido. Lo veremos en la próxima de “algo más que salud”.

