La Justicia no lo va a suprimir, pero puede aplacar el sufrimiento y la impotencia de los familiares de las 236 personas que murieron por el colapso de la discoteca Jet Set, del cual se cumple mañana el primer año.
La conmoción nacional torna complejo el proceso, pero la sociedad en su conjunto merece un juicio justo, por demás libre de pasiones y presiones, para establecer responsabilidades sobre la tragedia.
Los propietarios del establecimiento, los hermanos Antonio y Maribel Espaillat, han sido formalmente acusados de homicidio involuntario.
Mientras muchos parientes no se reponen de la pérdida de seres queridos, en la población todavía late el acontecimiento.
Tan impactante fue la tragedia que los rescatistas se erizan al recrear los operativos que iniciaron ese 8 de abril de 2025 en horas de la madrugada.
Dicen que el impacto más profundo no fue lo que vieron entre los escombros, sino los lamentos que escucharon de personas que exhalaban el último suspiro.
Una tragedia de tanta magnitud no puede quedar impune.
Pero tampoco se pueden vulnerar los procedimientos judiciales como si se tratara de un juicio sumario.
La tragedia es una lección que tiene que aprenderse y que bajo ninguna circunstancia debe repetirse.
Ni uno de los responsables puede quedar ileso.
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Este primer aniversario, que invita a reflexionar, no deja de sumergir a la población en una gran ola de tristeza.
Para honrar la memoria de las víctimas se precisa más que nunca de que en la tragedia impere la justicia.

