Opinión Articulistas

Apodos en el siglo XIX

Apodos en el siglo XIX

Elvis Valoy

Los apodos en nuestro país son parte de la cultura popular. Estos sobrenombres están cargados de humor y picardía. Durante el siglo XIX hubo muchos motes, y estos que enuncio aquí son únicamente algunos de ellos.

Buenaventura Báez tenía muchos apelativos. Le llamaban: El Jabao, Pan Sobao, el Gringo y Manumiso.

A Pedro Santana le decían El León del Seybo, El Patajo del Seybo, El Ogro del Seybo, Rompe y Raja, y El Chacal del Guabatico.

 El febrerista y santanita Felipe Alfau era llamado Felipe el Temerario; a su hermano Antonio Abad le apodaban El Vicetirano, mientras que al traidor de Tomás Bobadilla y Briones le decían Tomás Chapapote.

 El general Merced Marcano tenía el alias de Rabo Pelao, y el general Juan Rosa Herrera era llamado como Juan el Tuerto.

 El arzobispo Nouel tenía un apodo dentro de su círculo íntimo; le decían el hipocorístico que deviene de su nombre Adolfo: Ofo. El presidente caudillo Eladio Victoria era conocido como Quiquí.

 De Lilís se creía que tenía la facultad de volverse animal y de que no le entraban las balas, apodándosele Galipote; también le decían El Manco. Al general José Dolores Pichardo, consejero de Lilís, le llamaban Loló.

 El presidente Wenceslao Figuereo tuvo dos alias: Manolao y El Cojo.

 Al presidente Ramón Cáceres le decían el hipocorístico de Mon. Al bravo general Teodoro Cordero le apodaban Corderito. Al presidente Francisco Gregorio Billini hipocorísticamente le llamaban Goyito. 

 Muchos familiares del héroe Manuel Rodríguez Objío les pusieron sus apodos. Telésforo Objío y Noble, tío del bardo, tenía el sobrenombre de Teyeye. La señora Bernarda Objío, madre del patriota restaurador, respondía al mote de Doña Nanana, mientras que Dolores Rodríguez Objío, hija del aedo fusilado por Buenaventura Báez, le pusieron de apodo Lola.