Las encuestas de opinión realizadas con rigor, confirman que más del 50% de la población electoral del país no se siente identificado con los partidos políticos predominantes, lo cual no debiera sorprender si se repara en el desastre que todos han significado cuando les ha correspondido dirigir los destinos de un conglomerado que no merece tan nefastas ejecuciones.
Lo anterior evidencia que el segmento de posibles adherentes a una oferta novedosa, que produzca ruptura con la manera de ejercer la vida partidaria que prevalece entre nosotros, está ahí, esperando ser seducido con propuestas inteligentes, creíbles, capaces de hacer despertar ilusiones en tantas personas decididas a no continuar dejándose estafar por discursos magníficamente enarbolados y descaradamente ejecutados.
En la historia de los pueblos abundan ejemplos de acontecimientos que en sus inicios lucían inocuos, desprovistos de simbologías a partir de las cuales se pudiese detectar la potencialidad que se escudaba en su seno, hasta que todo surge en apariencia de la nada, pero rodeado de circunstancias que lo explican sin resquicio de dudas.
En este país, en su creciente descomposición que alcanza límites insospechados, se esparce un olor que presagia novedad, que permite sospechar que una clase dirigente agotada en su centenaria rapacidad, podría ser suplantada por una generación que conciba y ejerza la política como el fenomenal recurso de servicio colectivo que debe ser.
En un acto sublime por su elocuente sencillez, presentó cartas credenciales Bien Común, colectivo que desde la elección de su nombre refleja ingenio, creatividad y, lo más importante, propósito de transitar caminos que sustituyan la voracidad individual por el beneficio de todos. Eso, por sí solo, es un fenómeno.
No están recurriendo a manidas palabras como reformar, liberar revolucionar, están tocando adormecidas conciencias ciudadanas para motivarlas a dar pasos al frente y dejar de buscar soluciones personales a problemas colectivos para que en ese objetivo procuremos satisfacción general.
Los integrantes de este Movimiento no pueden ser estigmatizados por su juventud, al contrario, ese factor es una fortaleza. No solo son jóvenes cronológicos, portan ideas, planes, estrategias y ofertas despojados de la caducidad que adiciona desfasarse con el transcurrir del tiempo.
Sus cualidades han sido probadas al involucrarse en trascendentales luchas libradas en los últimos años y su aporte ha resultado decisivo. El cambio necesario se producirá más temprano que tarde. No cabe duda de que, en mayor o menor papel protagónico, Bien Común será de sus artífices.

