Se ha informado que el presidente Leonel Fernández recibirá la semana entrante en el Palacio Nacional a directivos de gremios del transporte de cargas y pasajeros, para explicarles la modalidad y alcance de la indexación a los precios de los combustibles, que ya aplica el Gobierno.
En un primer encuentro con dirigentes empresariales, el mandatario revocó la intención oficial de aplicar un programa de readecuación fiscal, que incluía trasladar el cobro del Itebis a la Dirección de Aduanas, revisar y reducir las exenciones y exoneraciones otorgadas al sector productivo.
De ese programa, tildado por la oposición política como una velada reforma fiscal, sólo quedó la indexación a los derivados del petróleo, que a juzgar por los empresarios del transporte convocados a Palacio, lesiona sus intereses y provocaría un alza en el índice general de precios, cuestión que ha descartado el Banco Central.
La verdad es que a pesar de esa indexación, los precios de los combustibles se han mantenido inalterables durante las últimas cuatro semanas, lo que se atribuye a pronunciadas bajas en los precios internacionales del petróleo.
Es previsible que choferes y camioneros aspiren a que el Presidente les dispense trato similar al ofrecido a los empresarios, aunque es evidente que al Gobierno se le agotaron los caramelos y que no podría ceder el último tronco a la vista donde podría sujetarse y evitar que las turbulentas aguas del déficit fiscal se lo lleve río abajo.
A favor del Gobierno hay que señalar que hace tiempo que a los transportistas de pasajeros les dieron lo suyo, con la adjudicación de un bono por más de cuatro mil pesos mensuales entregado a casi 20 mil choferes del concho. De más está decir que el GLP, que usa la mayoría de los carros públicos, tiene tasa cero.
La Federación de Transporte Dominicano (Fenatrado), que otorgó al Gobierno plazo de 12 días para que reciba a sus directivos en Palacio, es un cártel monopólico, acostumbrado a impedir por la fuerza cualquier tipo de competencia y a imponer precios en el transporte de carga, por lo que se presume que sus ejecutivos irían a ese encuentro con mandarria en vez de buen juicio.
Lo malo de ese extraño ejercicio dialogante es que cada vez que los demonios del déficit fiscal tocan puertas de los contertulios, son remitidos hacia una clase media que ya no aguanta una vuelta más al torniquete o a la morada de un pobre hombre que hace tiempo mora en el infierno de las precariedades.
La palabra sacrificio deberían deletrearla también aquellos acostumbrados a llorar con el buche lleno.

