Como una caja de Pandora en que a cada momento muestra un inusitado e indescifrable comportamiento, así ha sido la trayectoria criminal del huracán Dorian, el cual con la furia de sus vientos y la obstinación de sus aguas, disemina a su paso sólo muerte y destrucción.
Parecido a un hacha afilada, que busca afanosamente producir profundas heridas al planeta, el Cambio Climático se ha ensañado en contra del globo terráqueo, dejándonos ver sus abominables secuelas en fenómenos atmosféricos, como Dorian, que sin dar tregua, convierten en luto y llanto lo que sus endemoniadas brisas tocan en su infernal recorrido.
El resultado debe ser la reflexión para variar el rumbo y evitar insuflar más combustión al ya de por sí deteriorado hábitat, que permita mitigar los efectos destructores del Cambio Climático que coacciona la existencia humana.
Por el bien de la humanidad, la contaminación ambiental debe ser desterrada de la faz de la tierra. El urbanismo irresponsable que paso a paso envenena el aire, tiene que llegar a su fin; las respuestas a nuestras problemáticas cotidianas obligan a ser integrales y sostenibles, en armonía con el medio ambiente. En otras palabras: se impone un replanteamiento del capitalismo actual a escala mundial.
Los parámetros existentes nos conducen a un callejón sin salida sin posibilidad de retorno. El estado actual de nuestros estilos de vida es insoportable en el tiempo y el espacio. Las ciudades anegadas de autos expidiendo dióxido de carbono a diestra y siniestra golpean al mundo, e incrementa el calentamiento global.
El Cambio Climático amenaza al ser humano, y sus efectos que ya hacen estragos, nos obligan a cambiar.

