Editorial

Caso aislado

Caso aislado

El Tribunal Colegiado de Primera Instancia de San Cristóbal, impuso condena de prisión y multa contra  dos  ex alcaldes y otros tres funcionarios del Ayuntamiento de San José del Puerto, al encontrarlos culpables  de prevaricación, desfalco y asociación de malhechores, en el ejercicio de sus funciones, en  audiencia y sentencia pocos frecuentes en los tribunales de la nación.

Los inculpados  seguramente recurrirán el fallo emitido por los magistrados Miguel Angel Guiliani Disla, Pedro Marcial Ramírez y Carmen Peña, pero aun así, esa condena  debería tener efectos disuasivos frente a quienes administran recursos públicos.

En ningún modo la decisión de esa Corte debería pasar inadvertida, por el contrario,  se requiere que  sus consecuencias sean también demostrativas de una  todavía no identificada voluntad  expresa del  Ministerio Público y del orden judicial, de perseguir y castigar los crímenes y delitos contra el erario.

El tipo de sentencia evacuada  el viernes por el Tribunal Colegiado, figura como planta en desierto, porque  si los sometimientos por corrupción se correspondieran con  el rumor público, los tribunales  estuvieran congestionados de casos como ese.

La mentada Dirección Nacional de Persecución a la Corrupción Administrativa ha sido  siempre figura decorativa de un Ministerio Público temeroso de cumplir con su obligación de indagar, perseguir y someter a los tribunales a  cualquier mortal que incurra en prevaricación.

Es penoso que después de dos reformas judiciales y de otras que  involucran al aparato administrativo del Estado, se resalte un caso aislado de condena a prisión o multa a funcionarios de un pequeño distrito municipal,  encontrados culpables de corrupción.

Se ha dicho, sin aparente  argumentos para contrastarlo, que condenas por crímenes  mayores de prevaricación han sido impuestas  más por la presión de organismos internacionales que por la voluntad de propios jueces y fiscales.

La sentencia de la Corte de San Cristóbal se resalta  con sólo ánimo de  advertir que los que hoy incumplen con su deber de perseguir, juzgar y condenar los actos de corrupción, mañana pueden estar en el banquillo de los acusados para responder ante la justicia por los crímenes de venalidad y complicidad.

El Nacional

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