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El primer vicepresidente del Parlamento de Venezuela, Édgar Zambrano
El primer vicepresidente del Parlamento de Venezuela, Édgar Zambrano


Suspicaz detención

 

Con tensiones sociales y políticas al borde del estallido resulta muy suspicaz la detención desde el pasado miércoles del vicepresidente del Parlamento de Venezuela, Edgar Zambrano.

Si no se trata de una abierta provocación del Gobierno de Nicolás Maduro, el apresamiento tiene que verse como un arreglo entre las fuerzas que gravitan en Venezuela con el propósito de elevar más la temperatura.

Tras la fallida intentona golpista, Maduro sabía de antemano los efectos contraproducentes que tendría en la comunidad internacional la arbitraria detención del dirigente opositor.

Pero con todo tomó la decisión como si su objetivo último fuera provocar una intervención militar patrocinada por Estados Unidos.

Que el gobierno de Venezuela reivindique su autoridad es una cosa, pero el desafío, como ha demostrado, es diferente.

Aunque la Organización de Estados Americanos (OEA) se ha pronunciado a favor de la inmediata libertad de Zambrano, cabe esperar que Washington ni nadie cedan a las suspicaces provocaciones de Maduro. La crisis, por más tensa que se torne, no tiene otra salida que la diplomática.