Cójanlo; Violencia perturbadora



A pesar de la relativa frecuencia con que ocurren muchos de los sucesos que han escandalizado a la población, puede que sean “aislados” como dice el jefe del Ejército. Pero la violación y asesinato de una niña de 10 años en medio de una ola de crímenes, atracos y hasta secuestros exprés traza los rasgos de un cuadro espantoso.

Las autoridades dicen que trabajan para combatir la violencia y restaurar la seguridad, pero el problema está en que los resultados no acaban de apreciarse. Ante feminicidios, atracos y crímenes horrendos, la preocupación sobre la inseguridad es cada vez más manifiesta.

En una atmósfera en que nadie está seguro en ningún lugar lo más normal es que se sienta miedo para realizar cualquier actividad. Las autoridades no deben engañarse ante la magnitud de la inseguridad, que no necesariamente es resultado de un limitado patrullaje policial. Hay otros factores que no pueden obviarse.

La Iglesia católica y otros sectores han demandado en múltiples ocasiones el diseño y aplicación de un programa político serio para enfrentar la ola de violencia que corroe a la sociedad. Los hechos confirman la necesidad de ese proyecto.