En medio de una turbulencia de confusiones y malos entendidos ha trascendido que el Gobierno y la mayoría de los industriales arribaron anoche a un acuerdo para que el Impuesto a la Transferencia de Bienes Industrializados y de Servicios (Itebis) se pague a través de la Dirección General de Aduanas (DGA).
Ese cobro, que ha estado bajo control de la Dirección de Impuestos Internos (DGII), en virtud de la ley 392 sobre competitividad industrial, pasaría a la DGA por un periodo de 12 meses, hasta que concluya el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, según los términos del arreglo que sería anunciado hoy.
Hasta anoche, el sector industrial estuvo sumido en un laberinto ante la noticia de que Aduanas había asumido el cobro administrativo del Itebis a las materias primas importadas en violación a la ley que crea a Proindustria.
El desconcierto fue mayor con la aclaración hecha en la tarde por el ministro de Hacienda, licenciado Vicente Bengoa, de que no había impartido instrucciones verbales ni escritas a Aduanas para que asumiera la administración de ese tributo.
Horas después de ese desmentido, los titulares de la DGA, Rafael Camilo, y de Impuestos Internos, Germania Montás, informaron sobre el presuroso acuerdo con la mayoría de los industriales, cuyos términos fueron expuestos al presidente Leonel Fernández por esos funcionarios.
Llama la atención que el ministro Bengoa no tenía conocimiento de que Aduanas, una dependencia de Hacienda, ya había asumido el cobro del Itebis, cuestión que atribuyó a una confusión de redacción.
Bengoa también anunció que la ley de Proindustria seria modificada para trasferir el cobro del Itebis desde la DGII a Aduanas, por lo que se colige que no estuvo al tanto de las negociaciones que realizaban los incumbentes de esas direcciones con la mayoría de los industriales.
Ojalá que esta vez el Gobierno honre el nuevo acuerdo que se dice alcanzó con el sector empresarial respecto al cobro del Itebis sobre bienes intermedios y a la vigencia de la ley que incentiva la competitividad e innovación industrial, porque la humareda levantada causa severo daño a un endeble sector productivo nacional y daña la economía global.

