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Convergencia

Convergencia

Efraim Castillo

Subir-bajar

(1)
Este subir y bajar colinas, este atravesar desfiladeros, desiertos, inmensas dunas, bosques petrificados; este alucinante recorrer los mismos escenarios cargados de fantasmas, de momias y esperpentos, siempre subiendo, bajando siempre los mismos caminos empedrados, bajando siempre las cuestas que reflejan amores, dolores y sueños; este suspirar y anhelar lo presupuestado frente a selvas llenas de hienas y serpientes; este asedio al subir y bajar las mismas escaleras, los mismos paisajes rurales y urbanos; este tedio de subir y bajar lo social y lo ridículo con entradas apresuradas a bancos, parques y plazas atestadas de vampiros, sátiros y farsantes; esta pesadilla de asistir a clubes, purgatorios y teatros de sarcasmos; este afán de vestir sedas, pieles y casimires.
(2)
Este bajar subiendo y subir bajando con los cambios a cuestas, manipulados en reversas para estancarnos en una obsolescencia perpetua; todo como una cola de serpiente, como una rata de albañal, como un espasmo agrietado, como una madriguera sin salida; este juego sempiterno, atorado entre zarzas y dados cargados que mutilan las apuestas y reivindican los martirios, los suplicios, los gritos, las clemencias; este subir y bajar, este bajar y subir con las llamas ardiendo entre deseos recomenzados; este ahogo, esta asfixia, este clamar, esta sensación de hartura y vacío, de orgasmos insatisfechos, de huesos fracturados, de carnes putrefactas y frustraciones cercanas.
(3)
Esta sed de labios muertos, de asfixia inclemente, de escalas sin esquemas; esta permisividad constante para quebrar los vacíos, esta presunción de subir cuando estoy bajando; este ahogo por haber subido cuando en verdad estoy bajando; de nunca haber subido, de nunca haber bajado, de estar flotando mi cuerpo sobre nubes de incienso, toneladas de hiel y coronas de espinas; este resquemor, este atosigamiento, esta algarabía estancada entre lodos, estas viejas alquimias de sangre envenenada, estas campanas sin repicar, estos silencios sin llegar al eco, estas alegrías atajadas que llevan constantemente a un alucinante no-tiempo.
(4)
Este subir-bajar, este bajar-subir en la niebla del ensueño, en la agonía de horas esparcidas en un universo que se expande, devorando y devorándose; este bajar-subir, este subir-bajar en el espectro de una historia de toma y daca, que absorbe y expele, que ríe y llora, que bendice y maldice, que pervierte y santifica; este subir y caer, este caer y bajar, estos pasos repetidos desde el útero, desde la misma apertura vivencial, desde el ronquido de la voz paterna y el susurro melancólico materno, han recorrido una distancia dilatada de lágrimas y goces, de melancolías y olvidos, de odios y albricias.
(5)
Esta espiral de remordimientos, de cuitas envueltas en ataúdes y celulosa; en criptas selladas por la anomia, en promesas nunca cumplidas, en misterios calcados junto al miedo; en labios sedientos de besos, en cuerpos temblorosos por la angustia, que me empujan hacia la puerta de los desencuentros, hacia el punto lúgubre donde todo se excluye y esfuma; este subir-bajar, este bajar-subir en una trampa tendida para impedirnos ascender a los júbilos.

Por: Efraim Castillo
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El Nacional

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