Las personas se asombran de que funcionarios muy ricos desde antes de ocupar cargos públicos, y que en su vida ni la de sus hijos jamás podrán gastar lo que tienen, cometan actos de corrupción en sus funciones solo para acumular más dineros que nunca usarán.
Esa corrupción parece cosa de locos. Pero con la salvedad de que esos señores son plenamente conscientes de lo que hacen.
Por eso elaboran estructuras corporativas y entramados con sus cómplices para burlarse de las consecuencias legales de sus actos.
Por tanto, todos esos tipos, aunque la sociedad los considere señores hasta después de ser condenados irrevocablemente por su corrupción administrativa, son responsables legalmente de sus actos ilícitos. Y merecen, además de las sanciones penales, el repudio de toda la población.
Los que aceptan funciones públicas para acumular fortunas y buscar validación social tienen una falta de carácter y una personalidad enferma. No comprenden la importancia del servicio a la población ni su rol como integrantes de la sociedad.
Y eso se da, por una parte, porque esas personas carecen de los tipos de conciencias necesarias para vivir plenamente. Estas son: La conciencia de sujeto, la política y la social; la conciencia nacional, la de clase y la de pertenecer a una comunidad.
Sin esas clases de conciencias el individuo es una persona a media, no logra conformarse como debe ser. No llega a ser útil en su país.
Por la otra parte, existen los acondicionamientos del sistema social, económico, político y jurídico en que vivimos, llamado sociológicamente capitalista. Se caracteriza por la corrupción que le es inherente. Por eso genera la alienación colectiva, salvo frente a los sujetos que lo han estudiado y lo combaten.
Así las cosas, las personas valen por lo que tienen, no por lo que son. Y la generalidad busca lucir que poseen riquezas, no valores ni principios morales ni éticos. La apariencia prima sobre la esencia.
Resulta bueno saber también que los países desarrollados lograron suprogreso, originariamente, con la explotación de la esclavitud, el saqueo en sus colonias y el dominio de los mercados más pobres de la Tierra. Hoy cuentan con nacionales altamente educados para conservar el sistema que tienen.
Nosotros ni fuimos beneficiados de la esclavitud ni tuvimos colonias ni alcanzamos la industrialización de rigor ni los niveles científicos y tecnológicos necesarios ni la educación social para incidir en los mercados actuales. Esa es la causa de nuestra pobreza, dependencia política y que las grandes fortunas se relicen robándole al Estado.

