Catalejo

Crisis sin relevo

Crisis sin relevo

El año 2026 se inicia con nuestro país atrapado en una tensión que ya no admite maquillaje retórico. La acumulación de factores económicos, sociales y políticos ha alcanzado un punto crítico que compromete la estabilidad del sistema de dominación, hoy sostenido más por inercia que por legitimidad.

El debate es inevitable: ¿crisis orgánica, de régimen, de hegemonía o un cóctel de todas ellas? Cuando las instituciones han perdido credibilidad y la legalidad se reduce a un ritual administrativo.

La autoridad es una simple imposición. Las salidas ensayadas confirmaron su esterilidad. El relevo político prometido resultó ser una réplica: los mismos actores, idénticos discursos, iguales prácticas…

Cambió el decorado, no la obra. Y el público, ya no aplaude. A ello se suma una economía atenazada por una deuda externa que drena una porción asfixiante del PIB y limita cualquier margen real de maniobra.

Este cerco financiero alimenta una crisis de hegemonía que desnuda la incapacidad del poder para ofrecer horizonte y sentido. En términos gramscianos, el país se adentra en una crisis orgánica.

En nuestro país se resquebraja el conjunto de las relaciones sociales. La confluencia de la crisis económica, política e ideológica, junto al aumento de los conflictos sociales, enciende alarmas internas y externas.

No es casual la inquietud de los centros de poder imperiales ante un escenario sin diques visibles, ni que el imperio haya ocupado con fuerzas militares la base de San Isidro y el AILA, a un tris de distancia de Venezuela.

En tanto, la incertidumbre se expande y las calles vuelven a ser una opción contra los corruptos y la impunidad. El 2026 no inaugura una etapa: certifica un agotamiento. Cuando lo viejo no muere y lo nuevo no nace.