Es un desatino plantear en estos momentos una reforma constitucional. Sería casi una locura mantener el planteamiento. Las fuerzas políticas impiden que haya una mayoría suficiente para tocar a la Constitución.
Lo ideal es dejar a un lado ideas afiebradas, no importa de qué estén disfrazadas, de introducir reformas a una constitución que debe ser protegida de eventualidades. No se olvide que cuando se reúne la asamblea revisora cualquier cosa puede pasar.
Da lo mismo que se abran posibilidades de una reforma constitucional para conocer un tema baladí en torno a la fecha en que perimen los proyectos de leyes. Nade quita que luego de iniciarse la discusión surjan planes y propósitos que ahora no están en el tapete.
En vez de estar pensando en cambios o introducción de nuevos artículos a la Constitución, lo que se tiene que plantear es su fortalecimiento y respeto general.
Por años la Constitución ha sido casi letra muerta, se zarandea de acuerdo a apetencias partidista. Hoy se mantiene una línea de respeto institucional, pero no puede haber disquisiciones ni opiniones encontradas sobre el tema.
Ya recordamos la lucha sostenida por muchos sectores para evitar que en época de Danilo Medina se hicieran cambios en la constitución para permitir una tercera reelección presidencial. La iniciativa fue un fracaso.
Sirvió como ariete para dividir al entonces gobernante Partido de la liberación Dominicana y dio paso a una intromisión directa de los Estados Unidos en los problemas dominicanos. Todo quedó en el fracaso.
Ya en época de la presidencia de Hipólito Mejía se dio una reforma para permitir la reelección, la cual nunca llegó. Una de las reformas más dramáticas estuvo relacionada on el doctor Joaquín Balaguer, luego de unas elecciones donde se impuso de modo fraudulento.
Con un acuerdo de dos años para el doctor Balaguer y llamado a elecciones presidenciales, se introdujo la fórmula de la mitad más uno, para poder ganar los comicios. Aunque hay candidatos que llegaron a la presidencia con más de la mitad, es una tarea casi imposible de lograr.
A su tiempo, se deberá votar de forma simple, ganando el que obtenga mayoría, para evitar alianzas clientelistas, de buscadores de prebendas, como ha ocurrido en toda América Latina y la República Dominicana en particular.
Lo mejor es que se eviten tentaciones, y en el Congreso se legisle, y se dé la mejor voluntad política de los legisladores.
Por: Manuel Hernández Villeta

