Opinión

Cumbre climática

Cumbre climática

La Cumbre de Acción Climática, convocada hoy en Nueva York, puede ser tan trascendente como la 74ª Asamblea General de Naciones Unidas (ONU), a celebrarse en la misma sede, porque más de 60 mandatarios y representantes de grandes compañías harán propuestas de cómo salvar al mundo del calentamiento climático.

Hace más de un año que el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, convocó esta cumbre que tiene un perfil político, no negociador, a la que acudirán jefes de Estado y de Gobierno que estén dispuestos a presentar propuestas concretas contra el cambio climático.

Después de la tragedia que significaron los incendios que devoraron extensas zonas de bosques de la Amazonía y la desaparición del glaciar Pizol, en los Alpes suizos, entre otras dramáticas expresiones del calentamiento global, esa cumbre adquiere ribetes de gran trascendencia.

Tiene razón el secretario Guterres al afirmar que son insuficientes los esfuerzos encaminados por las naciones para disminuir sus emisiones de efecto invernadero, menos para garantizar la meta consignada en el Acuerdo de París, de 2015, de reducir la temperatura del planeta en dos grados centígrados.

Contrario a ese propósito, con los planes presentados por 200 países firmantes de ese pacto, en vez de que el calentamiento global se quede por debajo de 1.5 grados centígrados, aumentaría más de tres grados, lo que supondría un impacto devastador sobre el ser humano y la naturaleza.

Como era de esperar, Estados Unidos ni Brasil acudirán a la Cumbre de Acción Climática, no solo porque carecen de propuestas para enfrentar el calentamiento global, sino porque sus gobernantes no creen que el mundo esté amenazado por una catástrofe derivada de las excesivas emisiones de efecto invernadero.

La cumbre de Nueva York ayudaría a rescatar los compromisos del Pacto de París y a consignar mayor voluntad política de gobiernos, organismos multilaterales y compañías multinacionales para literalmente intentar salvar al mundo de un previsible y remediable desastre ambiental.

República Dominicana, cuyo vecino Haití es un penoso ejemplo de degradación ambiental, está compelida a presentar propuestas en Nueva York sobre cómo afrontar el acelerado cambio climático y unirse al clamor mundial para que grandes economías y naciones emergentes cumplan con el compromiso de salvaguardar al planeta.

El Nacional

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