Existen momentos en que al hombre verse frente a una copa, cual, si estuviese tomando algún tipo de relajante, le da por hablar cuando la realidad le indica que debería de callar, pero, es precisamente cuando le da por referirse a los que muchos ingenios les ha dado por llamar… ¡La Verdad! principalmente sobre lo que han estado o están pensando.
El problema es que existen tantos letraheridos exageradamente sensibles, que el solo llevarles un poco la contraria, en lo mediato, desenvainan sus grandes dotes para repeler aquel o aquello que altera lo que tanto ellos han pregonado, justificado y supuestamente documentado, aunque esto en realidad es lo que ellos tanto han pregonado.
Y, me refiero a la figura de Duarte, que hoy día, ya ni sabemos el cómo era en realidad, porque cada uno le ha puesto los rasgos que les ha venido en ganas, algo así como la figura de Jesucristo.
Crearon el mes de la Patria o de Duarte, con el único fin de inmortalizar su figura como Padre indiscutible de la Patria, si, esa misma, de la que han hecho una promiscuada, como una ramera cualquiera y que, una vez logrado esto, ante el desdén de la población por esa publicidad vacía, se dirigieron hacia la señora Nación, para hacer lo mismo, al parecer, solo con fines politiqueros, pregonando, a viva voz, sus pensamientos y comportamiento, pero, manteniéndose muy alejados de las ejecuciones que pregonaba Duarte, tanto para la una como para la otra.
Estamos en la etapa donde, en unos de sus iluminados pensamientos, me parece escuchar a Cervantes, cuando expuso que, la comedia nos enseña a tomar la vida de manera relajada, nunca en serio y, por su parte, la tragedia nos indica lo que pasa cuando no hacemos caso de lo que nos enseña la primera. Al parecer nada
he aprendido de esto, porque, maldición, no sé el porqué tengo que meterme en este embrollo tan bien elaborado por intelectuales y, sobre todo, políticos.
Para nosotros es difícil explicar esto en medio de una miasma casi perpetua que se mantienen bajo un manto estructurado en base a mentiras y disimuladas monedas, para sembrar todo un cumulo de articuladas situaciones que se han mantenido al través del tiempo.
Es harto difícil encontrar sentido en algo sinsentido; por un lado, alabar la figura de Duarte y por el otro, con las acciones, tirarle estiércol.
Es un mes lleno de confusiones entre hechos históricos seleccionados unos y descartados otros, y, claro, donde los políticos están en la principalía y la intelectualidad sensible a las críticas, por el otro, haciendo acopio de sus acrobacias lingüísticas aprendidas en las aulas y alimentadas por las situaciones mundanas de las ambiciones de sus egos.
Duarte fue victima de los intereses políticos desde el momento en que lo nombraron general, sin nunca haber blandido siquiera un machete.
Duarte fue un sacrificado por sus ideales, fue un intelectual que puso todos sus esfuerzos en la creación de algo en lo que creía y ofrendó lo mejor de su vida, pero, nunca fue militar.
El haberlo hecho general y enviarlo a comandar las tropas que estaban bajo el mando del General Pedro Santana, lo cual no se pudo ejecutar, a la luz de hoy, más que un nombramiento, pareciese una conjura política, llevada a cabo por los mismos políticos que hoy, muy parecido a aquellos, se aprovechan de su nombre. Lo dije y dicho está. ¡Sí señor!

