El anuncio del ministro de la Presidencia, César Pina Toribio, de que el Gobierno convocará al Consejo Nacional de Seguridad para readecuar su estrategia contra la delincuencia y la criminalidad, parece la vía más sensata o la única posible para intentar frenar la expansión de un flagelo que ya afecta la seguridad pública y el clima de inversión.
La Asociación de Jóvenes Empresarios (Anje) ha citado un reporte del Foro Económico Mundial que señala que el narcotráfico y el crimen organizado inciden en el incremento de costos de negocios en República Dominicana, por lo que ese gremio empresarial ha reclamado afrontar el auge de esos males.
Pina Toribio reconoce que son preocupantes los niveles de delincuencia que abaten a la sociedad nacional y admite que la convocatoria de esa instancia relacionada con la seguridad se realiza como respuesta a las crecientes muestras de preocupación que expresan instituciones del abanico social, político y económico.
Anje critica lo que define como falta de cohesión y coordinación entre las instituciones encargadas de mantener el orden y ha señalado que la Policía no está en condiciones de combatir con efectividad a la delincuencia, por lo que la anunciada convocatoria del Consejo Nacional de Seguridad podría ayudar a que todas las instancias halen la cuerda en la misma dirección.
La Policía no podría frenar la creciente criminalidad sin el concurso del Ministerio Público que a su vez requiere de respuesta rápida y efectiva del orden judicial, de sanción ejemplar a los justiciables o acusados de violar las disposiciones del Código Penal, o de leyes especiales anticrimen. Otras instituciones oficiales y de la sociedad civil han de cumplir su cuota de responsabilidad en lo referente a la prevención del delito.
La delincuencia se abre paso ante la ausencia de políticas coherentes e integrales de prevención, persecución y condena de toda expresión de criminalidad, por lo que el reclamo generalizado de que se ponga un alto al auge del narcotráfico, atracos, asaltos, robos, secuestros, sicariato y violaciones debe encontrar eco en el mismo Palacio Nacional.
Se reclama, pues, que la sesión de ese Consejo de Seguridad y sus posibles acciones no se conviertan en otra expresión cosmética de las muchas que se han mercadeado para anestesiar a una sociedad al borde de la histeria por el acoso de la criminalidad.
Ahora que el empresariado se queja porque la espiral de delincuencia afecta al clima de negocio, puede ser que el litoral oficial despierte y procure encabezar una tardía cruzada anticrimen. Después de todo, por la plata baila el mono.

