La Feria Internacional de Turismo (FITUR) se ha convertido en un espectáculo de derroche y opulencia en un país que lucha por sobrevivir. La República Dominicana, uno de los países más pobres de América Latina, ha gastado millones de pesos en un viaje de lujo para un séquito de periodistas, comunicadores, locutores, animadores y una nueva peste llamada influencers.
Mientras que el país lucha por pagar sus deudas, por mejorar la educación y la salud, y por proporcionar empleos a sus ciudadanos, el gobierno ha decidido invertir en un viaje de placer para promocionar su imagen. Es un insulto a la inteligencia de los dominicanos, que ven cómo su dinero se derrocha en fiestas y lujos.
La condición de país pobre no es un secreto. La República Dominicana tiene una tasa de pobreza del 24,3%, según el Banco Mundial, y un 10,4% de la población vive en extrema pobreza. La educación y la salud son un lujo para muchos dominicanos, que no tienen acceso a servicios básicos como agua potable, electricidad y atención médica.
Y sin embargo, el gobierno decide gastar millones de pesos en un viaje de lujo para promocionar el turismo. Es un derroche inaceptable, un insulto a la dignidad de los dominicanos que luchan por sobrevivir.
Pero, ¿de dónde salió el dinero para cubrir este gasto? La pregunta es legítima, especialmente en un país donde la pobreza y la desigualdad son problemas persistentes. La respuesta, sin embargo, no es clara.
El ministerio de Turismo no ha proporcionado información detallada sobre el origen de los fondos utilizados para cubrir los gastos de la delegación.
Es hora de que el gobierno aclare estas dudas y proporcione información detallada sobre el gasto realizado. La ciudadanía tiene el derecho de saber y de exigir que los recursos públicos se utilicen de manera responsable y transparente.

