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Un jueguito peligroso…

Quien siembra vientos, recoge tempestades”, reza la conocida expresión de origen bíblico. Diariamente, desde corto tiempo a esta fecha, venimos agregándole nuevos y peligrosos contaminantes a la política nacional.

Sabemos que desde hace décadas el narcotráfico ha sido utilizado para dañar reputaciones de políticos connotados y contrarios al tejedor de la urdimbre; en ocasiones el acusado es ciertamente culpable de delitos tapados por efectivas sordinas y en otras es pura calumnia.

Sin embargo, anteriormente aquellas acciones eran ejecutadas por personajes y grupúsculos sin liderazgo político. Pero, siempre el político atacado era contrario al partido al cual se pretendía beneficiar con la denuncia.

Lo cierto es que nunca antes se llegó a lo que sucede hoy en el PLD.
El actual boom de Quirino en la opinión pública es de factura netamente peledeista y creado no para hacer justicia -como se esperaba-, sino para dañar la competitividad electoral de un supuesto compañero de partido.

Si las acusaciones son ciertas o falsas no lo sabemos, porque nadie ha contestado de frente, y el aludido no se ha dado por aludido. Siempre contestan otros, disparando hacia arriba, y dejando a Quirino en un ruidoso soliloquio que hace poco se ha convertido en “monodiálogo” con la entrada en escena de Claudio.

En resumen, se trata de un juego que banaliza el delito, y que deja la percepcion en la gran opinión publica de que entre el narcotráfico y sus capos y la actividad política y sus líderes la frontera es fina y de mojones flotantes.

El sainete montado por sectores del PLD con la pareja Danilo-Leonel y el narcotrafico en el medio, es una estocada a la democracia.

Familia de esa conducta es también la afirmación del secretario de finanzas del PLD, hoy una relevante figura en el expediente Odebrecht, en el sentido de que el dinero recibido por él, miles de millones de pesos, eran para el partido.

Y lo dice repetidamente, consciente de que el Procurador carece de entereza y forros para sentar a la persona jurídica llamada PLD donde corresponde, el banquillo.