Opinión Articulistas

Día del acordeón

Día del acordeón

Luis Acosta Moreta

Cada 6 de mayo, al celebrarse el *Día Mundial del Acordeón*, se nos brinda una valiosa oportunidad para reflexionar sobre la trascendencia histórica, cultural y emocional de uno de los instrumentos más emblemáticos de la música universal. Esa fecha conmemora la patente oficial del acordeón, registrada el 6 de mayo de 1829 en Viena,  instituida en el año 2009 por la Confederación Internacional de Acordeonistas (CIA), como reconocimiento a su extraordinaria versatilidad y a su presencia esencial en expresiones musicales tan diversas como el tango, el vallenato, la cumbia y, de manera muy particular, en la música típica dominicana.

*En la República Dominicana*, el acordeón trasciende su dimensión instrumental para convertirse en símbolo de identidad, memoria colectiva y sentimiento popular. Su sonido ha acompañado generaciones enteras, ha dado voz al campo y a los barrios, y ha servido como vehículo de expresión de nuestras alegrías, nostalgias y esperanzas. Hablar del acordeón es hablar del alma misma del pueblo dominicano y del género que mejor sintetiza nuestras raíces: el perico ripiao.

Dentro de ese universo musical, pocos nombres alcanzan la dimensión histórica de Dionisio Mejía, Guandulito, reconocido justamente como uno de los más grandes exponentes del acordeón y figura cimera de la música típica nacional. Su talento excepcional elevó el perico ripiao a una categoría superior, consolidándolo como patrimonio cultural vivo y como una de las expresiones más auténticas del folclore dominicano.

Guandulito fue un innovador. Convirtió la tradicional combinación del acordeón, la güira, la tambora y la marimba en una verdadera narrativa popular. Su capacidad para improvisar, interpretar y conectar con el sentir del pueblo lo colocó en un sitial privilegiado dentro de nuestra historia musical. No pocos lo han definido, con sobrada razón, como el primer rapero dominicano a ritmo de güira, tambora y acordeón, por su singular manera de articular versos y emociones mucho antes de que los lenguajes musicales contemporáneos adoptaran tales formas expresivas.

Junto a Guandulito brillaron otras figuras inmortales como *Ñico Lora* y *Tatico Henríquez*, artistas fundamentales que hicieron de la música típica una crónica viva del pueblo dominicano. A través de sus composiciones y ejecuciones, supieron transmitir la esencia de nuestra cotidianidad y cimentaron las bases de un género que hoy ocupa uno de los primeros lugares en la preferencia musical nacional, desplazando incluso a otras corrientes de gran arraigo popular.

Ese reconocimiento contemporáneo de la música típica no ha sido fruto del azar. Ha sido posible gracias al esfuerzo persistente de intelectuales, promotores, locutores y defensores de nuestra identidad cultural, entre ellos el destacado periodista, escritor y dirigente revolucionario *Rafael Chaljub Mejía*, así como *Huchi Lora* y tantos comunicadores que, desde sus espacios, han contribuido decisivamente a preservar, difundir y dignificar el género del acordeón en la República Dominicana.

En lo personal, he tenido el privilegio de rendir homenaje, en vida, a *doña Jovinita,* compañera y viuda de Guandulito, una mujer humilde y digna que dedicó buena parte de su existencia a custodiar el legado artístico y humano de ese extraordinario músico.

El Nacional

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