Editorial

Doloroso

Doloroso

El Día de la Restauración transcurrió el lunes como cualquier otro,  sin que esa magna efeméride mereciera de gobernantes ni gobernados nada más que un  desganado protocolo y unos cuantos discursos,   faltos de fervor patriótico, pasión dominicanista o gratitud hacia tantos  héroes y mártires que con  sangre y arrojo rescataron el gentilicio nacional.

Duele saber  que el 147  aniversario del movimiento restaurador que puso fin al colonialismo español, pasó casi inadvertido para  la mayoría de los dominicanos, incluido su liderazgo político, élites académicas, universidades, escuelas, juntas de vecinos, sindicatos, clubes culturales y sociales y otras instituciones.

Pocos -muy pocos- hogares o edificios públicos exhibieron la Bandera Nacional durante tan venerable fecha, señal, señores, de que la sociedad dominicana acusa un acelerado estado de descomposición, cuyo nivel de deterioro afecta en primer término a la propia identidad nacional.

 Más que para recordar y festejar el aniversario de la Restauración de la República, el 16 de agosto  sirvió de cola a un largo feriado durante el cual, la indiferencia colectiva constituyó un  motivo de vergüenza.

¿Cómo es posible que en los hogares de todo buen dominicano no ondeara el lienzo tricolor  durante todo el fin de semana pasado en señal de respeto, gratitud y veneración a los héroes de la Restauración?

En otros tiempos, instituciones cívicas, como clubes culturales, religiosos, sindicatos, academias y otras asociaciones celebraban actos conmemorativos de la fecha que hoy se pierde en el olvido y la indiferencia.

La juventud parece que no conoce ni  asocia sus sentimientos  con José Contreras, Gregorio Luperón, Santiago Rodríguez, Gaspar Polanco, Benigno Filomeno Rojas, Cayetano Germosén, Olegario Tenares, Benito Monción, Eugenio Michel y otros tantos patriotas que   a sangre y fuego retornaron la dignidad empeñada a la Corona por Pedro Santana.

Sirva este lamento como reflexión colectiva para que una sociedad cada vez más innominada, reasuma el  compromiso de  recuperar su extraviado orgullo  por un digno gentilicio heredado del sacrificio, abnegación, valor, sangre y espada de los forjadores de la Independencia Nacional y la Restauración de la República.

El Nacional

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