Nadie sabía cuantos años tenía el camello Donatello, solo que cada vez estaba más cansado y se quejaba más cuando tenía que cargar con los turistas desierto a dentro.
Por eso, en medio de la travesía, solía pararse y sentarse tranquilamente sobre la arena caliente.
No había manera de moverlo durante varios minutos, y los turistas lo miraban entre enfadados y divertidos.
– Caray con el carácter de este camello.
Al camello Donatello lo que le gustaba era quedarse cerca del oasis y rumiar paja: para dentro, para fuera, para dentro, para fuera.
Así hasta que la paja se convertía en una masa pastosa que le dejaba un aliento ácido y desagradable.
– ¡Pero qué camellos más cochinos!
Los niños no paraban de reír divertidos con estas ventosidades y Donatello se reía con ellos.
– Da gusto decían siempre los mayores con este camello no hace falta que nos preocupemos de los niños.
– Solo sigo en este trabajo por los niños. Si no fuera por ellos solía comentar por las noches mientras descansaban cerca de las jaimas.
El día en que sus cansados músculos no pudieran hacer la travesía del desierto con los turistas a cuestas, dejaría de ser útil para los dueños y acabaría en un restaurante de plato principal. Y ese día llegaría pronto.
Cada vez se sentía más cansado, más viejo, más débil. No había remedio.
Una tarde caminaban por el desierto con un reducido grupo de turistas. Entre ellos se encontraba Bea, una niña pecosa y canija.
– Venga amigo, que estamos a punto de llegar y podrás descansar un rato.
Pero cuando apenas les quedaba un kilómetro para llegar a su destino, el camello Donatello se sintió desfallecer y cayó al suelo.
– Ya no va a moverse este camello es tan viejo que no sirve para nada. Ahí lo dejaremos y a la vuelta veremos que hacemos con él.
Aterrada ante la idea de dejar solo al camello en medio de aquella nada de arena, Bea comenzó a llorar y se abrazó a él.
Nadie consiguió despegarla de ahí, así que todos tuvieron que acampar junto a ellos, a pesar del visible enfado del dueño de los camellos.
A la mañana siguiente, se levantaron antes del alba para regresar al campamento.
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