Algunos pensaban que el motoconcho y los trabajos en los hoteles serían la última trinchera laboral de los dominicanos humildes… pero se equivocaron. Ahora hay mucha gente desgarrándose las vestiduras: si no se hubiera grabado y hecho viral, el asesinato del conductor del camión de basura en Santiago hubiera sido un número más de las estadísticas: ese hecho dramático solo confirma que las mafias violentas están ahí.
Los grandes casos de corrupción estructural, la tragedia del Jet Set, el obscuro y mortífero episodio de la explosión de San Cristóbal, los actos de violencia creciente en el campo y la frontera, algunos con rasgos terroríficos, la guerra latente en la jungla de las calles entre motoristas y conductores de vehículos pesados, el brutal sistema extractivo de rentas de los préstamos usurarios cobrados por sicarios, el desplazamiento de cientos de miles de dominicanos a la búsqueda en el día a día por falta de una política activa de empleos y de protección a las normas de nacionalización laboral, los haitianos trasegados e implantados en RD con mucho apoyo foráneo y agresividad creciente, de plan criminal muy sofisticado, en el que participa el crimen organizado transnacional …solo son los signos de los tiempos, la radiografía de plexo nacional.
La vieja III República está en sus últimas, agotó sus energías, su techo se agrieta, sus columnas se derrumban…el modelo del Nuevo York Chiquito y la integración antihistórica y forzada del Estado Mercado Insular Binacional nos están pasando factura impagable…y nos pueden costar la soberanía y negación de nuestros derechos nacionales inalienables, nuestra misma existencia.
Necesitamos una Nueva República para salvar la Nación. Y eso solo puede lograrse si nos hacemos cargo con realismo de los retos y peligros que enfrentamos, del momento histórico en extremo complejo, de nuestro sensible enclavamiento geopolítico.
Hay que demostrar al mundo que no somos la finca con pasaporte RD de unos pocos dueños. Que merecemos un proyecto de Nación Fuerte e Integrador de todos los dominicanos, en democracia y libertad, para la prosperidad de todos, y que estamos dispuestos a luchar en todos los terrenos por afianzarnos como dominicanos, en una lucha sin descanso por una Patria libre, soberana, independiente, ordenada, próspera.
No podemos seguir debatiéndonos entre la debilidad y la resiliencia, con temor a convertirnos en estado fallido, similar a nuestro vecino insular, que también debe ser rescatado y reconstruido, sino que debemos llegar a la condición de antifragil.
Pelegrín Castillo Semán
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