La guerra entre los Estados Unidos e Israel en contra de Irán está desestabilizando la economía mundial. Sus repercusiones son contundentes cuando se llega a los países subdesarrollados. Ya los dominicanos vivimos en carne viva este grave problema.
Fue una medida muy drástica aumentar en dos partidas el precio del galón de la gasolina y el gasoil. En una primera entrega los reajustes fueron de cinco pesos, pero en la última subió a diez pesos.
Quince pesos de aumentos de los combustibles más utilizados marca un punto de preocupación, y ahonda una crisis que viene de viejo en lo referente a los precios de los comestibles, las medicinas y los servicios.
Ahora tenemos alzas escalonadas en los alimentos, el transporte público, las medicinas y prácticamente todos los servicios. Hay renglones donde esos reajustes fueron injustificados, y ahora llega este último golpe.
El gobierno tiene que disponer de todos los medios a su alcance para que no se produzca una estampida de aumentos en productos de primera necesidad. La población tiene que tener la seguridad de que la canasta básica familiar podrá ser asequible.
Sin subsidios oficiales y una extrema vigilancia, será imposible mantener los precios en una escala que no le ocasione serios problemas a los dominicanos. Los reajustes lo sufren todos, desde el ricachón hasta el pobre de solemnidad.
La subvención de los combustibles debe continuar, porque es la forma segura de que se controlará su peso. Ahora, el gobierno no puede hacer magia, y si se mantiene la guerra y siguen los problemas mundiales de suministros, tendrá que hacer ajustes locales.
Hay que tratar de que los pasajes no sean aumentados. Por lo pronto se mantiene el precio del gas licuado de petróleo GLP que utilizan los carros del concho, pero las guaguas del servicio público trabajan con gasoil.
Además, los camiones que transportan productos agropecuarios utilizan gasoil, por lo que si no se protege con las subvenciones subirán los fletes, y por consiguiente los precios. En cualquier ecuación, los comestibles y su valor futuro mueven a desesperanza. El país debe trabajar con tesón y tener esperanzas de solución.
El presidente Luis Abinader debe merecer el apoyo de todos los sectores nacionales para que haga frente a esta crisis. No es un problema de factura local, sino que depende de variaciones internacionales en las cuales el país no tiene fuerzas, y es una víctima. Todos los sectores deben participar en las soluciones locales de la crisis de los combustibles.
Por: Manuel Hernández Villeta

