El infierno



Choferes y conductores inescrupulosos han convertido avenidas y carreteras en dantescos infiernos donde continuos accidentes de tránsito han causado en diciembre más de una docena de muertos y más de mil 600 mutilados o lesionados, 40 de los cuales permanecen recluidos en condición de gravedad.

Todas las autopistas y carreteras secundarias han cambiado su nombre por el de ¡sálvese quien pueda! Porque esos lienzos de asfaltos están a merced de las diabluras que perpetran conductores de patanas, camiones, autobuses, minibuses, motocicletas y automóviles, sin que a ninguna autoridad le interese aplicar la ley.

Como cada año, el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) anuncia su operativo de prevención de accidentes, en el cual intervendrán casi 40 mil personas, incluidos militares y policías, pero no se ofrece seguridad de que habrá consecuencia para los violadores de la ley de tránsito.

¿Cómo es posible que las autoridades permitan que patanas, camiones y guaguas voladoras transiten con exceso de velocidad por el carril izquierdo y de manera temeraria por todas las carreteras de la República?
¿Cuánto invertiría el Estado contri en operar patrullas de camino que incauten vehículos desprovistos de luces y apliquen multas a conductores que violen la ley de tránsito? Cuesta más a los contribuyentes y a la economía el elevado número de muertos, heridos y de ausentismo laboral causado por los tantos accidentes de tránsito.

Se define como invaluable el programa de asistencia vial que ejecuta el Ministerio de Obras Públicas, pero se requiere también imponer a cualquier precio orden en las autopistas y avenidas porque ningún conductor o chofer desaforado puede poseer licencia para matar.

Ya se sabe que las motocicletas están involucradas en el 70% de los accidentes, por lo que no se explica por qué se permite o se tolera que se escenifiquen carreras de motos en las carreteras o que los conductores de ese tipo de vehículo violen todas las leyes de tránsito.

Que no se hable más, el Gobierno es responsable y hasta cierto punto culpable por el infierno y la cotidiana desgracia que se padece en avenidas, carreteras y autopistas, porque Policía, Ministerio Público ni nadie se digna en aplicar la ley.