Opinión

El marketing político

El marketing político

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Stanton (1985) clasifica como actividades a los agentes que interactúan en el marketing e incluye tan sólo cinco en su estructura: a) La organización total que realiza el trabajo de marketing; b) El producto: el servicio, la idea o la persona que se comercializará; c) El mercado meta; d) Los intermediarios que apoyan el intercambio; y e) Las fuerzas del entorno.

Schewe y Smith (1982), sin embargo, categorizan en cuatro las principales actividades del marketing: a) el producto; b) la plaza; c) el precio; y d) la promoción. Esta categorización, conocida como las cuatro P’s, toma en cuenta las variables controladas, que son aquellas que se constituyen en limitantes para la acción del marketing: medio ambiente, leyes, obsolescencia tecnológica y modal no programadas, competencia y otros, así como la marca registrada, el envase, los servicios, los canales de comercialización, el precio, la publicidad y las ventas, las cuales estructuran una mezcla. Pero, ¿qué relación podrían tener, entonces, estas clasificaciones dentro del discurso político?

Conocemos que la primera actividad (Stanton) es la organización total que realiza el trabajo de marketing, y en el marketing político esta primera actividad es el partido y su conocimiento del mercado electoral.

Es decir, antes de iniciar cualquier “actividad” (estructural o coyuntural) el partido, a través de la técnica de la investigación del mercado político, debe conocer a fondo qué se mueve y qué no se mueve y cuáles serán las perspectivas para la elección del candidato.

Porque mientras el marketing comercial trabaja desde y hacia los consumidores y los valores de intercambio, el marketing político trabaja desde y hacia los ciudadanos y sus tendencias sociales. Por eso, podría resultar muy difícil separar o desenlazar la acción política de la comunicación política, debido a que la acción política no puede deshacerse de la comunicación en virtud de que su propia actividad se construye a través de la información y el contacto social.

La ciencia política, sobre todo tras el advenimiento e incorporación de los mass media en su praxis, define un conjunto de procesos que fluyen hacia el Estado y el ejercicio gubernamental, pero también es preciso decirlo, afecta las relaciones de clase.

Esta enorme actividad, que es el verdadero motor de la sociedad, requiere de una constante información dual, capaz de mantener funcionando el sistema.

En EEUU —el país en donde la actividad política se desenvuelve con pocos enfrentamientos ideológicos, es decir, como un verdadero oligopolio de partidos, no obstante las crueles señales de exclusiones racistas y étnicas que esgrimen en los periodos electorales algunos de los candidatos—, la función de la comunicación actúa como una necesidad social en el desarrollo de todas sus actividades, modelando la propia ciencia política, cuya heterogeneidad vincula y desarrolla las teorías y métodos que manan constantemente desde y hacia el tejido social, todo como un fluir constante (el panta rhei de Heráclito), todo como una práctica que evoluciona de paradigma en paradigma para mantener vivo el stablishment.

El Nacional

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