El Tratado de Versalles 100 años después



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El Tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919 en las Galería de los Espejos del Palacio de Versalles, en Francia, pero que entró en vigor el 10 de enero de 1920, sirvió de caldo de cultivo para el inicio de la segunda Guerra mundial, ya que las condiciones impuestas a Alemania sirvieron de excusa perfecta para que Adolfo Hitler iniciara las acciones que condujeron a este enfrentamiento bélico entre las principales potencias del mundo.

Más que un acuerdo de paz verdadero, el Tratado de Versalles, donde sólo fueron tomados en cuenta los intereses de los vencedores, ha sido considerado por numerosos estudiosos como una venganza contra Alemania, donde imperó la posición radical del primer ministro francés, Georges Clemenceau, quien supo aprovechar el momento para humillar la patria de Carlos Marx y mutilar militar, política y económicamente a Alemania, con el objetivo de que no tuviera la capacidad defensiva ni las condiciones económicas para volver a invadir a Francia.

De paso, no perdió la oportunidad para recuperar el territorio con un gran potencial de riqueza de Alsacia-Lorraine, que había sido arrebatado a Francia por Alemania en la Guerra Franco-Prusiana de 1870-1871.

Los alcances del tratado incluían el pago de los daños que ocasionara la guerra a los vencedores. Los términos del tratado en realidad eran exagerados. Exigían a Alemania la extraordinaria cantidad de 226.000 millones de reichsmarks en oro, que era la moneda de la época, una cantidad considerada imposible de pagar, un hecho que más tarde fue aceptado por una Comisión de Reparaciones Inter-Aliadas.

En 1921 se redujo a 132 mil reichsmarks, lo que aún así, significaba llevar a Alemania a la ruina. Casi 100 años después Alemania aún no termina de pagar el monto de los daños establecidos en el acuerdo de Versalles.

Pero además, Alemania perdió todas sus colonias, que fueron conferidas a la Sociedad de Naciones, que se formó como parte del mismo tratado y que fuera disuelta para dar paso a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que, a su vez, bajo “mandatos”, las asignó a diversas potencias, de las vencedoras, para administrarlas.

Los aliados se adjudicaron la flota alemana, pero las tripulaciones de ese país, en lugar de rendirlas, las hundieron. Se decidió que el ejército alemán quedara reducido a 100 mil hombres, además prohibía a Alemania tener artillería pesada, aviaciones y submarinos.

Alemania aún no termina de pagar los daños establecidos en el acuerdo de Versalles.

Las condiciones impuestas a Alemania provocó diversas reacciones de protestas continuas en ese país, y dio lugar a la aparición de numerosos grupos nacionalistas que demandaban la revisión del mismo, esto condujo que ascendiera al poder en la década de 1930 el Partido Nacional Socialista Alemán, liderado por Adolfo Hitler, quien había alcanzado notoriedad a partir del su ingreso en 1919 al Partido Obrero Alemán, que más tarde cambió su nombre por el de Partido Nacional socialista Obrero Alemán

En realidad todos los tratados que se firmaron tras la primera Guerra mundial no fueron más que imposiciones de los vencedores, una repartición de los territorios a conveniencias de estos para debilitar y desmoralizar a los vencidos al mismo tiempo que se lograba engrosar riquezas naturales a los aliados, es decir, que en vez de ocupar militarmente por la fuerza se obtenía ese botín de Guerra mediante los tratados.

Además, se logró diezmar la fuerza militar de los vencidos, como una forma evitar que en el futuro puedan invadir o enfrentar bélicamente a los vencedores.

El autor es periodista e ingeniero.