Conversando recientemente con el ex vicepresidente de la república, Jaime David Fernández Mirabal, nos referíamos al tema de cuán importante es la paz, no solo en el individuo como entidad unipersonal, sino en la misma sociedad.
Conozco dicha palabra pero quise profundizar. A seguidas busqué dicha definición pero desde tres ángulos diferentes. Consulté el diccionario de la Real Academia de la Lengua.
Allí encontré, que esta y desde el punto de vista de la tranquilidad personal, se refiere al estado de quien está sin preocupaciones o perturbaciones internas, como inquietudes o pasiones; mientras que en lo referente a la armonía social, la misma se define como la buena correspondencia y ausencia de disensiones, riñas o pleitos entre personas, familias o grupos.
También consulté mi Biblia, y me encontré que desde el punto de vista espiritual, la paz se caracteriza por ser “un estado de bienestar integral que incluye armonía con Dios, con uno mismo, con los demás y con la creación, resultado de la justicia, la integridad y la confianza en Dios, no de las circunstancias, siendo un don que se encuentra en Jesús y el Espíritu Santo, incluso en medio de la dificultad”. Si vemos las dos anteriores definiciones, nos daremos cuenta que esta última concentra las demás.
Entiendo que cada ser humano debe y a partir de la fecha, proponerse en este 2026, buscarla y cultivarla, y si es posible hasta crearla en nuestro medio donde nos desarrollamos, pero basándonos en aspectos éticos.
Como participante de una sociedad en desarrollo, debemos establecernos como tarea, profundizar en esta importante palabra para hacerla realidad, no importando los obstáculos que tengamos que vencer, o de lo contrario, seremos personas carentes de desarrollo integral, y continuaremos resbalando en el mismo lodo interior.

