En medio de la isla



El 3 de noviembre de 2003 cruzó el mar de los silencios la primera señal de humo de este trozo de isla que hoy somos; quince años desde entonces, trazando un puente que une todas las islas, en busca de su envés, donde quiera que estemos. Y, para que conste, Rey habla de felicidá…

En el sueño este que llamo escritura se cruza la idea de un chiste: Alguna vez en la tierra de la felicidá estábamos René y yo en el vestíbulo de las oficinas de Alfaguara en Miami y no recuerdo (bendita sea la boca que puede enunciar el verbo) si fue la mujer de recepción o nosotros en complicidad que dijimos que éramos el combo más increíble de hijo y padre escritor.

Dijimos que, con excepción de los Amis en Gran Bretaña, nosotros éramos los meros meros. Por esos tiempos yo promocionaba mi novela Candela y soñaba los sueños del niño que quiso cortarse el corazón en altamar. Mediaisla es el vaso comunicante que no se agota, una flama marginal en donde puede leerse de todo sin meterse uno con nadie, sin tropezar con chismes y pataleos.

Hay escritores que lo merecen todo y eso es cierto. Pero en esta isla del medio no hay manera de pagar esas deudas.

Todavía recuerdo el primer poema que envié a Mediaisla, aunque después de inmediato escribí para que no lo publicaran. Ahora, solo ahora que ha llovido tanto y tan poco, le hago homenaje de esta manera:

Fracasa. Fracasa otra vez.
Fracasa mejor
Samuel Beckett

Incompleto animal
sudando una herida de hiel
Incompleto animal
que patalea mientras gime ante el bloque
que con su estridencia
hace saltar los ojos
Tus pechos nuevos
atmósfera sublime
esferas
farolitos de coral

Hoy he leído el Aleph caribeño que me dejara Goico envuelto en un manojo de crayolas y olores de la cafetera. Nunca tiene nada de malo un poco de nostalgia.

Cada adoquín desde la Zona Colonial, Habana Vieja, San Juan. Tanta palabra derramada por una revista que es también editorial, siempre en línea, puntual con variaciones, como las temporadas ciclónicas.

Dicen que René Rodríguez Soriano es tan intenso y lleva tanto Caribe consigo que los huracanes lo persiguen hasta Houston.

Por tu culpa, por tu gran culpa hoy seguimos escribiendo, despacio, a veces rápido, entre el ditirambo y la disciplina del amor más férreo. De distancia y caracoles, señales de humo y tinta virtual. La mejor palabra es la que a veces se calla. Por la isla, por el mismo medio.