Epidemia alarma



Eduardo Álvarez

Acontece inquietantemente. Wuhan, China, es motivo de atención por ser el brote infeccioso de un virus identificado como coronavirus, que preocupa a la población, y el gobierno chino controla con rigor y seriedad. Recelo extendido por el mundo con medidas a todas luces exageradas. Diríamos incluso que innecesarias.

Las normas en marcha incluyen poner en cuarentena zonas afectadas y alrededores. Lo cual significa que está impedida la entrada y salida en los lugares. El tradicionalmente prolongado asueto en víspera del Año Nuevo Chino también ha sufrido cambios, como resultado de alarmas, lo cual no deja de ser una decisión cuyos excesos han dado paso a otras, reflejadas ya en el desenvolvimiento cotidiano y en la economía china.

Como era de esperarse, no ha faltado el uso del caso como parte de la guerra económica que libran Estados Unidos y China. El coloso de occidente no ha perdido tiempo, desde luego, y esto no debe sorprender a la contraparte oriental. Lo que sí nos resulta chocante es que agencias chinas hayan entrado en ese juego.

Suspender las festividades de Año Nuevo pudo haber contribuido a facilitar las estrategias para asustar al planeta. El costo económico es incalculable.

No sabemos, pero podemos apreciar por el momento que son imponderables, con efectos ulteriores que podrían dejar cortos los daños pasajeros de una epidemia que, en un par de meses será agua pasada.

Es bueno saber que Wuhan, extensa y dinámica metrópolis al centro de China con más de 11 millones de habitantes, se desenvuelve con normalidad, dejando a un lado las mascarillas y otras restricciones que la prudencia oficial impone. Pretender que sean suspendidas las Fiestas de Primavera es negar la esencia de una cultura seis veces milenaria que encuentra en ella el mayor motivo de unidad y dicha.