La misión de rescate de 33 mineros sepultados durante 69 días a 700 metros de profundidad en una mina de oro y cobre en Chile, concitó la atención de una humanidad enferma de egoísmo que pudo dejar atrás sus instintos destructivos y excluyentes para converger en una intensa jornada matizada por la sensibilidad y solidaridad ante ese drama que ha tenido final feliz.
En diversas regiones del mundo han acaecido desgracias, como terremotos, tsunamis, ciclones, accidentes de aviación, derrumbes, choques de trenes y otras fatalidades que han sobrecogido a la comunidad internacional, pero pocos accidentes como el ocurrido en la mina San José, han generado tan singular muestra de unidad en la adversidad.
El grupo de mineros quedó aislado el 5 de agosto en una galería subterránea que servía de comedor, donde lograron sobrevivir durante 17 días hasta ser localizados, al racionar alimentos y agua disponibles y porque aplicaron su sistema basado en protección mutua y disciplina, aunque después de ubicados y establecida comunicación con el exterior recibieron las más tiernas expresiones de amor y apoyo procedentes de todos los confines de la tierra.
La jornada de rescate de esos mineros figura entre los tres acontecimientos mundiales que han suscitado mayor seguimiento a través de la televisión y redes sociales, sólo superado por el Mundial de Fútbol y la ceremonia de juramentación del presidente Barack Obama. Puede decirse que todos los medios de comunicación del planeta han seguido las incidencias de tan singular labor de rescate.
Al culminar con absoluto éxito tan compleja y difícil operación de rescate, gobierno y pueblo de Chile se erigen hoy como ejemplo y paradigma de eficiencia, sensibilidad, generosidad y unidad al afrontar con decisión y coraje el reto de rescatar a los mineros atrapados, para lo cual se adquirieron equipos de excavación y comunicación de última generación.
La sociedad dominicana, tan proclive a la confrontación, indiferencia, sectarismo y dispersión, debería asimilar la hermosa experiencia chilena, que resalta la unidad de propósito de todo un pueblo y sus autoridades en la consecución de un objetivo común: rescatar sanos y salvos a 33 mineros que permanecieron 69 días sin ver la luz del sol.
No hay que esperar la ocurrencia de tragedia o desgracia, como la acaecida en la mina San José, para que gobierno y población unifiquen voluntad y esfuerzo en la tarea de construir una sociedad más humana y justa, donde primen equidad, orden, transparencia y justicia.
Al rescatar anoche al último de los 33 mineros sepultados en la mina San José, una regocijada humanidad brinda hoy por Chile y por sí misma porque ese histórico acontecimiento ha de servir como abono para que renazca la flor de la esperanza por el advenimiento de un mundo mejor, donde la brújula de la justicia apunte hacia el Sur.

